21 jul. 2016

NUESTRA VISION PUBLICACION DEL FRENTE DE ACCION REVOLUCIONARIA

Nuestra Visión Julio Piquetes, cacerolazos y la necesidad de una salida revolucionaria Desde estas páginas venimos diciendo que las condiciones en las que la burguesía tiene que realizar el ajuste son peores que las existentes en el 2001/02. En aquel momento, la salida de la convertibilidad implicó que la devaluación del peso redujera el valor de la fuerza de trabajo a una tercera parte del que tenía. Ese hecho, combinado con un ciclo de altos precios de las comodities, vía retenciones, permitió subsidiar a la industria de baja competitividad para reactivar la economía. Esas condiciones se terminaron producto de la crisis del capitalismo mundial, y en particular el freno en el crecimiento chino (que tiene como consecuencia -en parte- la baja del precio de la soja) y la recesión de Brasil, incidiendo fuertemente en nuestra economía, ya que ambos países son los principales destinos de las exportaciones argentinas. De esta manera, en el semestre pasado las exportaciones al país vecino cayeron un 24% (El cronista 05/07). El gobierno de Cristina Kirchner logró patear para adelante el ajuste vía endeudamiento y emisión de billetes para subsidiar el déficit fiscal, pero esa situación no se podía sostener más por la alta inflación que generaba, con la consecuente pérdida de competitividad para los capitales localizados en el país. Por eso, ganara quien ganara tenía que aplicar el ajuste, como muy bien lo reconoce Miguel Bein (asesor económico de Scioli en la campaña a presidente del año pasado), en una entrevista que dió al diario La Nación el 2 de julio. Sin embargo, a pesar de las promesas del macrismo, la salida del cepo, la devaluación, el pago a los buitres y la quita de subsidios a las tarifas, no han atraído inversiones a la producción: en el primer trimestre llegaron sólo 513 millones de dólares, apenas 100 millones de dólares más que el mismo período del año anterior (u$s 412 millones). Por otro lado, en lo que va del año el ejecutivo se endeudó en u$s 36.605 millones. A esto hay que agregar que en junio el consumo se contrajo un 9,8 % (CAME), la retracción de la actividad industrial registrada en mayo fue de un 5% interanual, y el INDEC reconoce la caída del PBI, confirmándose la recesión de 0,7 % para el primer trimestre del año. El mismo organismo estableció que la inflación del mes pasado fue del 3,1 %. En este contexto, el gobierno y la burguesía siguen apostando a reducir el costo laboral, para producir más barato y así tener posibilidades de competir con países con mayor tecnificación. Por eso mismo, el 9 de julio, junto con la angustia expresada al Rey español sobre las sensaciones de los independentistas de 1816, el presidente atacó a los trabajadores por el ausentismo, las licencias y las jornadas reducidas de trabajo. El objetivo es bajar el costo laboral, en la misma línea que el fuerte lobby sobre la reforma de la ley de ART contra la “industria del juicio”, el descuento a los días de paro y el fallo de la Corte contra el derecho a huelga para quienes no estén sindicalizados. La realidad es que por más ajuste y búsqueda de reducir costos que se intenten, las inversiones no van a llegar, ya que en medio de la crisis, sin posibilidad de realizar la ganancia, el capital no se volcará a la producción; esta tendencia es causada por el estancamiento mundial y ya no se resuelve bajando costos de producción. Muestra de ello es el freno en China. Tarifazos Ante el fin del ciclo de crecimiento y producto del alto déficit fiscal que implica subsidiar los servicios, el gobierno decidió reducirlos para garantizar las ganancias de las empresas descargando el costo sobre el pueblo trabajador. De esta manera, aumentaron todas las tarifas, siendo la del gas la que mayores incrementos recibió con facturas que subieron hasta el 1000%. La escalada tarifaria hace que muchísimos sectores no puedan pagar la boleta y que para otros implique la reducción descomunal del poder adquisitivo, lo que generó un rechazo generalizado y una acumulación de bronca que se expresó con una variada serie de acciones tanto espontáneas como de organizaciones sociales y políticas. La movilización motivó la intervención de la justicia con fallos favorables a los usuarios, con el objetivo de amortiguar y contener el descontento social en pos de garantizar la gobernabilidad y atenuar la crisis del Estado. Lopecito y Grindetti Los u$s 9 millones de José López terminaron de hundir al Frente Ciudadano impulsado por Cristina y al FPV. Además, afloró toda la corrupción en complicidad con la obra pública y la patria contratista, por medio de la cual Franco Macri se hizo millonario. Recordemos que uno de los beneficiarios a quienes se otorgaban los contratos de la obra pública durante los gobiernos kirchneristas, además de Báez, eran Ángelo Calcaterra y Nicolás Caputo, el primero primo hermano del presidente y el segundo su íntimo amigo. Calcaterra fue beneficiado por el actual gobierno para realizar el soterramiento del tren Sarmiento, con un contrato por $ 45 mil millones. Por otro lado, la imputación por enriquecimiento ilícito a Grindetti, intendente de Lanús, y ex ministro de hacienda durante ocho años en la gestión de Macri en la Ciudad, clarifican que tampoco hay muchas diferencias en cuanto a corrupción; sólo varía la relación en cuanto a quién gobierna para que le recaiga el peso de la (in) justica burguesa. De todas formas, más allá de los pases de factura judiciales, ambos partidos cierran filas en la defensa de las patronales; por eso Cambiemos y la mayoría del FPV aprobaron en el senado la ley ómnibus, por medio de la cual los dólares enterrados, los que están en cajas de seguridad y los de las cuentas off shore, se van a poder blanquear. Entre bueyes… Queda claro que el gobierno nacional, los ejecutivos provinciales y la oposición patronal acuerdan garantizar las ganancias de los distintos sectores de la burguesía por medio de descargar todo el peso del ajuste sobre el pueblo trabajador, que tiene como consecuencia más de 200.000 despidos, suspensiones y aumentos de salario que en el mejor de los casos llega al 30 %. Mientras la junta interna del INDEC establece que un trabajador debe ganar $ 19.000, el salario promedio ronda los $ 9.000 y el mínimo vital y móvil recién en enero del año que viene llegará a $ 8.060. Es decir, hay un acelerado crecimiento de la pobreza. La lucha del pueblo trabajador El ajuste es duro y genera graves consecuencias para todo el pueblo trabajador sin que se observen perspectivas a mediano plazo de que se revierta la situación. Pero al mismo tiempo que se descarga la crisis, afloran las luchas de los explotados en todo el país. Sólo en el primer semestre se registraron 3.241 cortes de calle y de ruta (Perfil 10/07), sin que el ejecutivo pueda aplicar abiertamente el protocolo antipiquetes. A sólo siete meses de asumir, el gobierno sufre el desgaste de innumerables protestas, un cacerolazo de miles de personas en las principales ciudades del país, con el contenido simbólico que eso significa y los escraches a oficialistas y ex funcionarios del gobierno anterior que sin llegar a ser masivos, expresan el hartazgo de un sector de la sociedad. En este contexto, cabe destacar que Mauricio Macri llegó a la presidencia más por el voto antikirchnerista que por la afinidad del electorado a Cambiemos. En las PASO, el presidente sacó el 30%. Además, el origen del PRO es producto de la crisis de 2001 y del agotamiento del PJ y la UCR. Teniendo en cuenta esto, la profundidad de la crisis, del ajuste y el empeoramiento acelerado de las condiciones de vida de la amplia mayoría del pueblo trabajador carcomen la legitimidad del gobierno nacional, pero también la de todo el régimen político, los partidos de la burguesía, el Estado y sus instituciones. En este marco, la tarea de los revolucionarios es profundizar la consolidación y desarrollo de las organizaciones políticas revolucionarias. Al mismo tiempo, es fundamental desarrollar iniciativas que canalicen la bronca y el descontento de los distintos sectores populares, promoviendo la acción directa, por las reivindicaciones más sentidas pero denunciando al Estado, el papel que cumplen sus instituciones y el aparato represivo (estatal y paraestatal) así como las herramientas que usa el capital para descargar la crisis sobre los trabajadores. Y promover la revolución y el socialismo como única salida para conquistar una vida digna y en libertad. -------------------------------- -- A 40 años de la caída en combate de Mario Roberto Santucho Entre el balance y la acción ​ Muchos balances se realizaron sobre la lucha revolucionaria en los años 60 y 70 en nuestro país. En este mes de julio se cumplieron 40 años de la caída en combate de Mario Santucho; nuestra organización, que reivindica la experiencia de la corriente marxista y, en particular, ese arco que llamamos guevarismo, toma del PRT de aquellos años, fundamentalmente del período de conformación del partido hasta su V congreso, algunos aportes que consideramos recuperan el eje y centro de la concepción marxista, del socialismo científico: el problema del poder. Al hacer un balance de determinada experiencia de nuestra clase, debemos partir del materialismo histórico, del desarrollo del capitalismo en nuestro país, de la contradicción fundamental, de la principal y de las secundarias, del contexto general y particular de la lucha de clases, como lo planteó Santucho en 1974: “Prepararnos para resolver correctamente los problemas que han de plantearse en la situación revolucionaria que se aproxima, consiste en analizar objetivamente las características de nuestro país, la experiencia de nuestro pueblo, la dinámica de la lucha de masas, y esforzarnos por conocer al máximo la experiencia internacional, es decir, la forma en que otros pueblos encararon y resolvieron cuestiones similares a las que se nos presentarán”.i En las décadas del 60 y 70, con un desarrollo desigual, en el mundo se vivió un período de auge de la lucha de la clase obrera y los pueblos oprimidos por el imperialismo. No podemos entender el desarrollo del PRT-ERP y la figura de Santucho aislados del contexto histórico social, de la gesta del Che, las revoluciones en Vietnam y Cuba y, principalmente, la agudización de la lucha de clases en la Argentina. Cuando sostenemos que Santucho, entre otros compañeros, recuperó lo fundamental en el marxismo, no nos referimos exclusivamente a las consignas de aquellos años y a la práctica revolucionaria, al enfrentamiento armado con la clase dominante, que son elementos ineludibles a la hora de valorar a una organización revolucionaria. Nosotros, además, queremos señalar algunos aspectos que consideramos de suma actualidad al enfocar el problema del poder, cuestión central en las sociedades de clases, en el desarrollo de la lucha de clases en el seno del PRT, particularmente en la contradicción que surge y se resuelve entre el cuarto Congreso y el quinto con la corriente encabezada por Nahuel Moreno. La comprensión de que no toda lucha es una lucha de clases, en el sentido que le damos los marxistas (retomando a Lenin), Santucho sostiene que el culto a la lucha reivindicativa, sindical, llevado adelante por la corriente de Moreno al punto de “inventar” el término “vanguardia sindical”, no sólo no aportaba sino que alejaba al partido revolucionario de su tarea central de develar, poner de manifiesto que detrás de toda forma de opresión está el capitalismo. Como sostenía Lenin, la conciencia de clase es la comprensión de la oposición inconciliable entre los intereses de la clase obrera y todo el régimen político y social contemporáneoii. En el mismo sentido, Santucho señalaba que no cualquier obrero por el hecho de luchar por una reivindicación concreta tiene conciencia de clase, es decir, conciencia del antagonismo que funda esta sociedad y del papel histórico de la clase obrera en la superación del capitalismo. “El marxismo siempre usó el término vanguardia obrera para señalar a aquel sector del movimiento obrero con conciencia política, que se había elevado a la concepción leninista de la lucha de clases”iii Desde esta perspectiva, el problema del poder es, o debe ser, una preocupación diaria de los revolucionarios; no se puede separar en forma metafísica, es decir, como elementos sin relación, sin interpenetración mutua, la táctica y la estrategia; cada paso, cada consigna debe llevar las ideas del socialismo a los trabajadores. La derrota del proceso revolucionario de aquellos años, la aniquilación y el exilio de valiosos compañeros implicó también una derrota ideológica y política para el activismo con intenciones revolucionarias. En las últimas décadas se propagó bajó otras formas una tendencia que coincide en esencia con los planteos economicistas del morenismo, un retorno al culto de “la comisión interna” o a la construcción de base, entendidos como actividad que no rebasa el sentido común de las masas, una militancia de lo “posible” que termina siendo, en el plano político, furgón de cola de la clase dominante. En la base de esta concepción están, entre otros elementos, la subestimación de la capacidad de nuestra clase para comprender y apropiarse del socialismo científico y fundamentalmente nuestra incapacidad y falta de audacia para llevar las ideas revolucionarias a los trabajadores. Las armas de la crítica y un balance honesto sobre el pasado, pero principalmente sobre nuestra labor y las tareas de los revolucionarios hoy, son el mejor homenaje y la mayor reivindicación que podemos hacer a aquellos compañeros y compañeras que dieron su vida en la lucha por la revolución socialista. Mario Roberto Santucho, Benito Urteaga, Ana María Lanzilloto, Liliana Delfino, Domingo Mena, Fernando Gertel PRESENTES, AHORA Y SIMPRE! Frente de Acción Revolucionaria

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