17 ene. 2018

GUSTAVO ROBLES: MACRI ES LA DICTADURA ¿ COMO ENTREGAR COMPAÑEROS A SU 'JUSTICIA'?"

MACRI ES LA DICTADURA ¿CÓMO ENTREGAR COMPAÑEROS A SU “JUSTICIA”?

El pueblo grita en las calles, en los piquetes, en las caceroleadas, en cada protesta contra las nefastas políticas del gobierno: “Macri, basura, vos sos la Dictadura”. Y así parece querer demostrarlo a cada paso, en cada día, el contrabandista de autopartes, lavador de dinero sucio, el enriquecido por el Proceso Genocida, Mauricio Macri.

La dictadura macrista es tal porque intenta imponer su visión sobre cómo debería estar estructurada la sociedad a través de sus políticas, sin tener el aval popular que el oficialismo y los medios de prensa hegemónicos nos quieren hacer creer.

Demostrarlo es fácil, por más que quieran ocultarlo.

- Redondeando las cifras, 13 millones de argentinos decidieron que el mafioso ingeniero fuese el presidente de la Nación en 2015. De ellos, 10 millones volvieron a votarlo en 2017: o sea, perdió 3 millones de votos en 2 años, cosa que a los escribas socios y lacayos del gobierno ni se les ocurre mencionar ni exponer ante el “gran público”.
- En las últimas elecciones legislativas, donde el gobierno plebiscitó su gestión, sobre 33 millones posibles (Padrón electoral), consiguió 10 millones, exactamente el 30%. Es decir que el 70% de los argentinos le dio y le sigue dando la espalda al oficialismo.

Con esa relación de fuerzas en el campo social, el gobierno de los Ceos intenta arrasar con todas las conquistas y derechos laborales y sociales que los trabajadores han conseguido con sangre proletaria en décadas de lucha. Es decir, quieren transformar al capitalismo vernáculo en lo que es su esencia, lejos de todo “estado de bienestar” y de “un poco menos injusto” reparto de la riqueza. Cosa que le resulta difícil hasta el momento, por la tenaz oposición de masas con la que se ha encontrado en las calles.

Esa debilidad en lo social, el oficialismo trata de reemplazarla en lo institucional, sobre todo en el plano del Poder Legislativo donde es minoría y necesita tejer “alianzas” que más tienen que ver con compras de votos y carpetazos, que con acuerdos y coincidencias. Aunque en la concepción tanto del oficialismo como de la oposición tradicional, coinciden largamente en que “todo tiene su precio”. De hecho, el gobierno no hubiese podido sacar ninguna ley sin la inestimable ayuda del peronismo, del pan-peronismo de Massa, y de sectores del kirchnerismo.

Donde se ha hecho fuerte el gobierno es en el Poder Judicial, ariete del pensamiento clasista del empresariado, integrado por lacras que son residuo histórico del feudalismo, ya que pueden decidir sobre la vida y la libertad de las personas a su antojo. El Poder Judicial maneja las fuerzas de represión que, liberadas ante la concepción política y social de quienes hoy administran el Estado, se transforman en bestias sin freno, sin límite para cometer cualquier atropello ante la ciudadanía. Algo que pensamos que “nunca más” iba a ocurrir después de la última y nefasta asonada militar.

Con el aporte de la “oposición” de los partidos tradicionales del sistema, el macrismo ha reunido la suma del poder público institucional, lo que se contradice brutalmente con ese 70% que se expresó contrario en las elecciones y que, debido a las bestiales reformas que encaró la administración mafiosa de los Ceos, en los dos meses posteriores, ha crecido aún más, cosa que es reconocida hasta en los pasillos de la Casa Rosada y sus ministerios.

Si un gobierno se apoya en lo institucional para llevar a cabo sus políticas, cuando tiene semejante oposición popular, la supuesta “democracia” deja de fingir y expone su verdadero rostro: EL DE UNA DICTADURA donde la clase dominante impone su criterio a como dé lugar, en favor de sus intereses, cueste la sangre y las libertades que cuesten. Todo llevado a cabo con la complicidad de los medios masivos de comunicación, verdaderos formadores de opinión en favor de los dueños del poder económico.

El gobierno de Macri y los Ceos es, entonces, una Dictadura sin vueltas

Semejante marco requiere una respuesta popular acorde, porque la “democracia” anida en el poder del pueblo y no en las instituciones que “dicen” representarlo y hacen exactamente lo contrario. La democracia es verdadera cuando se socializa, no cuando se concentra en pocas manos. La defensa de las libertades democráticas ante una dictadura sólo queda en las manos del pueblo y sus organizaciones, y enemiga de ellas es el Estado organizado para sostener los privilegios de una minoría poderosa.

Ése es el cuadro de situación de la Argentina actual. Y ante semejante realidad, cuando la lucha de clases se transforma en escaramuzas donde las fuerzas represivas agreden, detienen y hasta asesinan, hay que proteger a los compañeros del terrorismo judicial que surge de ella. No puede ser que las organizaciones del pueblo y mucho menos aquellas que se tildan de “revolucionarias”, entreguen graciosamente a sus militantes cuando son requeridos por una “justicia” que poco tiene que ver con ese concepto. Es inaceptable que haya corrientes que se resignen a semejantes atropellos, que se acovachen en el mero “reclamo por la libertad”, cuando está clara la intencionalidad política e ideológica de ese poder del Estado burgués: mientras a los funcionarios oficialistas se les permite cualquier tipo de corruptela y atropello garantizando su impunidad; mientras los uniformados tienen vía libre para reprimir salvajemente y hasta desaparecer y asesinar personas (como se ha visto en los casos Maldonado, Nahuel, o en las detenciones arbitrarias y el salvajismo ejercido en cada manifestación, sobre todo en las de diciembre último); a los manifestantes de cualquier protesta los apresan al azar según la discrecionalidad de los efectivos, les inventan causas, se las tipifican de manera que les cueste salir en libertad y quedan prendados de causas penales por años.

En los casos de los militantes de las agrupaciones de izquierda detenidos por las causas de diciembre último, las cosas empeoran aún más. Porque mientras a los detenidos del gobierno anterior, con todas las irregularidades a la vista, los envían a cárceles donde las condiciones son más llevaderas, al compañero del PO César Arakaki lo destinaron al penal de Marcos Paz, en las peores condiciones carcelarias.

No puede tolerarse semejante tortura para un camarada revolucionario. Una cosa es que en una refriega o en un operativo lo detengan. Otra muy diferente es “acompañarlo para que se entregue”. Como hoy a Dimas Ponce.

Semejante actitud no hace más que demostrar el retroceso de la consciencia revolucionaria en muchas de las organizaciones que se tildan de esa manera en nuestro país. Aceptar el atropello de la “justicia” burguesa, sobre todo en casos como éstos donde la libertad está en juego, no sólo es poco entendible sino indigno para quienes dicen querer destruírla para implantar una obrera y popular.

La sociedad socialista es un objetivo para los que soñamos y militamos por ella. Pero sólo podrá hacerse realidad, si comenzamos en esta atroz que vivimos a generar los brotes del futuro, los gérmenes de su institucionalidad: a la represión del sistema, contraponerle una fuerza organizada de resistencia popular; a las leyes patronales contradecirlas con otras obreras; y a la in-Justicia burguesa oponerle una proletaria.

De lo contrario, no seremos más que agitadores y protestantes dentro de los límites del funesto sistema al que, decimos, queremos destruir para así poder construir una sociedad justa, igualitaria, sin explotación y sin miseria.

¡LIBERTAD A LOS PRESOS POR LUCHAR CONTRA LAS INJUSTICIAS!

¡LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS!

Gustavo Robles
9-1-18

http://www.pctargentina.org/dictaduraentregapresos.htm

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