26 sep. 2013

PTS: LAS DIFERENCIAS ENTRE LUCHADORES NO SE RESUELVEN CON AMENAZAS Y PATOTEADAS

jueves, 26 de septiembre de 2013

[PTS] LAS DIFERENCIAS ENTRE LUCHADORES NO SE RESUELVEN CON AMENAZAS Y PATOTEADAS

Repudiamos el “delito de opinión” y reivindicamos la libertad de expresión para los luchadores, incluido el derecho a la calumnia y la injuria
PTS: Las diferencias entre luchadores no se resuelven con amenazas y patoteadas

Esos no son “los métodos de la clase obrera”.  
Son los métodos del stalinismo y la burocracia sindical

Carmela R. y Juan Marino

El sábado 31 de agosto se llevó a cabo el 2° Encuentro Obrero convocado por la C.I. de Kraft y por trabajadores de Kromberg en lucha. Como TPR habíamos participado ya del 1° Encuentro así como de los tres plenarios obreros convocados por el SUTNA San Fernando. No eramos, por lo tanto, una organización ajena o recién llegada a esos procesos de organización obrera. En el transcurso del mismo, de hecho, contribuimos llamando a participar del corte de vías que luego realizaron los tercerizados ferroviarios y proponiendo la creación de una mesa que coordine una militancia frentista para defender a la lista Lila en las elecciones de Kromberg. Nuestro objetivo fue superar cualquier debate faccional y colocar como tarea frentista la unidad de acción contra la burocracia, la patronal y los partidos capitalistas.
Sin embargo, la respuesta que tuvimos por parte del PTS fue muy distinta. Una vez finalizado el Encuentro, y sin que se desarrollará ningún incidente en el marco del debate, sufrimos una serie de provocaciones por parte de distintos dirigente del PTS. La coordinadora de la mesa por la C.I. de Kraft y dirigente del PTS, Lorena Gentile, nos expulsó empujándonos y amenazando con “cagarnos a trompadas”. El “fundamento” no podía ser más absurdo: según la dirigente del PTS, “no podemos decir” que el PTS carnereó el corte de vías de los ferroviarios y Mariano Ferreyra. La situación se agravó cuando el dirigente histórico del PTS José Montes se atrevió incluso a plantear que “en mi época a los calumniadores se les ponía un fierro en la mesa y listo”. Es decir que, si fuera por Montes, con patoteadas y amenazas te quedas corto. A esto se agrega que el día lunes 2 de septiembre, durante el corte que realizaron los compañeros de TATSA y EMFER en General Paz y Migueletes, militantes del PTS volvieron a reivindicar las amenazas y nos volvieron a amenazar mientras nos acusaban de ser un grupo provocador y calumniador. 
Para peor, las amenazas no se limitaron a este ámbito sino que también, de forma totalmente impune, varios militantes del PTS amenazaron vía Twitter a dirigentes de la TPR diciendo “respondele a la mano” y “les vamos a llenar la cara de dedos”. Lo grave de esto no es el bajísimo nivel moral y político de la militancia y la dirigencia del PTS (cosa que lamentamos pero corre por cuenta de ellos) sino que reivindican sus patoteadas por ser, supuestamente, un método clasista o hasta revolucionario. El daño, por lo tanto, no se reduce a una patoteada (de la cual nos defenderemos) sino que se trata de un veneno ideológico con el cual pretenden educar a una generación de militantes con métodos stalinistas y propios de la burocracia sindical. La tarea, por lo tanto, va más allá de una gresca sino que corresponde deslindar campos y clarificar a los luchadores contra esta verdadera apología a la prepotencia burocrática de los aparatos. 
EL PTS SE TIENE QUE HACER CARGO: CARNEREARON EL CORTE DEL 20 DE OCTUBRE Y CALUMNIARON A MARIANO FERREYRA, AL PO Y A LA TPR DICIENDO QUE ÉRAMOS “AVENTUREROS” Y “BURÓCRATAS”
Arranquemos por el principio: ¿quién calumnia a quién? ¿Es cierto o no que el PTS boicoteó activamente el corte de vías? ¿Cómo se llama a alguien que conscientemente busca impedir una medida de lucha? El PTS dice que al calificarlos de “carneros” los estamos injuriando. Sin embargo la realidad es que antes del corte del 20 de octubre, Flavio Bustillo, dirigente del PTS en el Roca, le dijo a los despedidos que se buscaran “una changuita” porque la lucha estaba (supuestamente) acabada porque “la mayoría no estaba dispuesta a seguir”. Por eso, el PTS vació el corte de vías de aquel 20 de octubre acusando de “aventureros” y “burócratas” a los ferroviarios tercerizados y despedidos y a todas las organizaciones que estuvimos enfrentando a la burocracia asesina de Pedraza por no respetar la asamblea… que votó no hacer nada por los despedidos. 
Esta posición del PTS fue públicamente defendida a través de sus militantes y dirigentes. Como publicó el propio PTS en su página web y en la LVO: “Nuestra posición es que salir hoy a una nueva medida de lucha sin preparación previa y sin contar con sectores significativos de la base tercerizada, sumado a la violencia que quiere generar la patota verde para desviar el justo reclamo, es una medida azarosa y riesgosa para el proceso. (...) En este sentido, los llamamos a retomar la unidad, y volver a las asambleas que se realizaban en ATE Sur, a las 17 hs. todos los martes” (Carta repartida por Flavio Bustillo el 18 de octubre, La Verdad Obrera N° 400, 11/11/10) 
Por último, si el debate se trata de ser “un grupo provocador” o “injurias” a la lista de epítetos contra los que luchamos junto a Mariano Ferreyra se le sumaron nuevos como “foquistas”, “petardistas” o “propio de un aparato necesitado de exposición mediática”. La justificación más carnera de todas fue, sin embargo, que “el PTS no apoya el corte de vías porque estamos en contra del Che Guevara”. Justamente por eso, el día siguiente al asesinato de Mariano (21/10), en una reunión para votar la nueva Mesa Negociadora previa al inicio de la marcha a Plaza de Mayo Flavio Bustillo dijo sin ningún tipo de vergüenza frente a los tercerizados y en presencia de la TPR y del MTR que “la muerte del pibe es por la aventura del PO” (cualquier similitud con la posición nefasta de José Pablo Feinmann no es coincidencia). 
Nosotros no calumniamos, nos ajustamos a la verdad histórica y al lugar que cada organización decidió ocupar en la lucha de clases. La TPR y el PO estuvimos junto a los ferroviarios cortando las vías el 20 de octubre de 2010. El PTS, no estuvo. Y su “ausencia” (¿suena mejor que decirles carneros?) no se debió a una casualidad sino a una decisión premeditada que luego, en lugar de aceptar su error, siguen sosteniendo hasta el día de hoy diciendo cualquier cosa contra los que estuvimos del lado de los luchadores. Hay que decir las cosas como son: eso es actuar como un carnero contra la lucha que, por más minoritaria que sea, tiene su legitimidad en la imperiosa necesidad de los compañeros despedidos. Cuando tu familia tiene hambre, uno puede equivocarse pero seguro que no tiene que pedirle permiso ni al PTS ni a nadie para salir a luchar. Eso sí que es una lección del movimiento piquetero y un método de la propia clase obrera que el PTS, si no lo apoya, al menos debería aprender a respetar.
Que quede claro: entre las organizaciones de luchadores no hay ninguna duda de que el PTS se borró ese día y que boicoteó el corte de vías. Como afirma el propio dirigente del PO, Lisandro Martínez, “el 18 de octubre, dos días antes del crimen, el PTS había resuelto no ir al corte que habían votado una veintena de tercerizados y al que el PRML, la CTD Aníbal Verón, el MTR, Convergencia de Izquierda, el Partido Obrero y otras organizaciones sí decidieron acompañar, en las vías en Avellaneda. Flavio Bustillo, militante ferroviario del PTS, presentó esa noche una carta en contra del corte. El actual vocero Pablo Villalba vino al corte con independencia de la posición del PTS, acompañado por algunos miembros de esa organización, pero sólo en el primer tramo, porque se retiraron mucho antes del ataque de la patota” (Prensa Obrera, 18/11/2010). ¿Quién miente y calumnia deliberadamente entonces? La TPR seguro que no. 
NO SE PUEDE REIVINDICAR COMO MÉTODO LA AMENAZA Y LOS GOLPES PARA ACALLAR A LOS LUCHADORES
Sin embargo, más allá de su nefasta actuación, lo más grave es que los militantes del PTS crean que sus mentiras para encubrir lo que hicieron el 20 de octubre los hace “sujeto de derecho ilimitado”, es decir, que se crean con la autoridad de pasar por encima de cualquiera. Les preguntamos a todos los luchadores de zona norte: ¿les parece bien que la respuesta a una supuesta “calumnia” sea amenazar y patotear? ¿Desde cuándo tenemos derecho a golpear a otra organización porque hace uso de su derecho a opinar y expresarse de forma diferente? ¿Ahora resolvemos las diferencias entre luchadores con amenazas? Se trata de un delirio burocrático que tenemos que repudiar enérgicamente para que los compañeros entren en razón.
Ese no es el método de la clase obrera que lucha, ese es un método propio de la burocracia. El PTS, que se vanagloria de defender el “pluripartidismo soviético” (o sea, libertad de organización en distintas tendencias al interior de los organismos de lucha de la clase obrera), propone establecer como método que a las calumnias se les puede responder con patoteadas (o sea que habría que ser más democrático en una guerra civil que en una asamblea). Por otra parte, les preguntamos a los militantes del PTS que sinceramente crean que es correcto “golpear o insinuar el uso de armas de fuego contra los calumniadores” ¿por qué no golpear o insinuar el uso de armas de fuego también a todos los militantes del Partido Obrero? Evidentemente, detrás de la prepotencia y la “indignación principista” se encubre la cobardía del pequeño aparato que se cree más fuerte. Insistimos, la verborragia encubre la soberbia y la total irresponsabilidad con sus dichos.
La única posición principista ante la calumnia y la injuria es la que reivindicamos los militantes de la TPR: defendemos el derecho a la calumnia e injuria por parte de los luchadores porque defendemos su derecho a militar por sus posiciones políticas. Sería absurdo pretender que un partido no atribuya a otro partido debilidades, capitulaciones o incluso traiciones porque sino, al fin y al cabo, entonces se trataría de un debate artificial entre partidos que realmente son lo mismo. La base de la división entre los partidos de una misma clase está, justamente, en la delimitación con esas traiciones y ese es el acervo programático y teórico de cada partido obrero. Cosa distinta sería hablar de una “organización de calumniadores”, es decir, de gente que deliberadamente actúa de mala fe. 
En cualquier caso, desde la TPR insistimos: a una organización de calumniadores también se la debe derrotar a través de la lucha política pública porque siempre es mucho grave impedir el libre desarrollo de la conciencia política de los trabajadores a permitir la divulgación faccional de una calumnia más o una calumnia menos. La calumnia no son más que eso: calumnias. Y los luchadores las dejan pasar por el costado sin darle ninguna importancia. Si el PTS está tan seguro de que somos calumniadores, entonces debería explicarle pacientemente a los trabajadores para que sean los propios trabajadores quienes nos den la espalda. Los trabajadores saben poner un límite porque perciben rápidamente el faccionalismo como una lucha ajena a sus propios intereses. Por el contrario, la impotencia patotera del PTS lo único que demuestra es su exasperación faccional por no tener argumentos para dar el debate (o el desprecio total por la educación y la maduración política de los compañeros). Gritan y patotean para ocultar la naturaleza centrista y carnera de su propia política.
ELEVEMOS LA MIRA: REPUDIAMOS EL “DELITO DE OPINIÓN” PORQUE ES UN ARMA PARA PERSEGUIR A LOS LUCHAMOS CONTRA LOS APARATOS BUROCRÁTICOS
En el único caso que podría entenderse la lógica del PTS es cuando el Estado, la burocracia o los partidos patronales hacen uso de la calumnia y la injuria como un arma deliberada de sistemática persecución contra los luchadores. De hecho, como trotskistas tenemos el mérito de haber denunciado y luchado contra la “máquina de falsificaciones y calumnias del stalinismo”. En el mismo sentido, en varias ocasiones hemos combatido (e incluso denunciado penalmente ante la justicia) a Feinmann o Aníbal Fernández (es decir, periodistas y funcionarios públicos) por hacer un uso deliberado de su posición para difamar a la izquierda. 
En ambos casos, es importante aclarar que ni siquiera se trataba de un polémica política (su opinión personal sobre lo que ellos pensaban de nosotros) sino de la afirmación positiva que atribuía hechos falsos como parte de una operación política. Es decir que incluso nunca los criticamos por decir a viva voz y cada 5 minutos lo que ellos pensaban de nosotros “la izquierda quema trenes” sino porque afirmaban ta-xa-ti-va-men-te que “tenían pruebas y daban fe” de que esto era cierto. Ahora, esta analogía se termina en el mismo momento en que estamos hablando de una disputa entre luchadores. No es lo mismo Feinmann y Aníbal Fernández contra el PO que el PTS contra la TPR.
Incluso como dijera Altamira en su famoso discurso en la Legislatura sobre la impugnación de Elena Cruz: “La sanción del delito de opinión va dirigida fundamentalmente contra los opositores sociales históricos de un sistema, para los que plantean la necesidad de transformación social” (Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, jueves 18 de septiembre de 2003). ¿Qué votaba el PTS? ¿A favor de la impugnación por “opinar en contra de la democracia” o a favor de que un diputado opositor pueda estar en contra de la democracia capitalista?
En esta misma línea, con motivo de los aprietes de Chávez contra Lanata en Venezuela, el PO planteó: “Los revolucionarios combatimos los planteos reaccionarios con argumentos revolucionarios, no con la punta de la pistola. Marx era apenas un ‘joven militante’ cuando defendía, contra la censura prusiana, la libertad de prensa, incluida la injuria y la difamación, en tanto que esa misma libertad fue uno de los objetivos proclamados de la Revolución de Octubre. La libertad de prensa solamente puede ser justificadamente suprimida en una guerra civil, cuando la información forma parte de las operaciones militares contra los pueblos que se defienden con las armas en la mano. Sin libertades políticas, y por lo tanto sin libertad de prensa, es imposible el desarrollo político de la conciencia de las masas. León Trotsky subrayó, en más de una ocasión, que la supresión de las libertades de expresión constituye el primer paso en la burocratización de un Estado de origen revolucionario. La regimentación de la prensa es un arma del bonapartismo pequeño burgués para someter políticamente a la clase obrera y sus organizaciones” ("Atilio Borón, un bolivariano de Shuberoff y Gioja", Prensa Obrera, 16/10/2012). ¿Qué opina el PTS? ¿Apoyamos el derecho del Estado a perseguir periodistas que lo calumnian e injurian o no? De hecho, ¿qué opinamos de la Ley de Medios y su reglamentación fascista por parte de Macri y De la Sota?
Por último, vale la pena recordarle al PTS que en 2009 hasta el propio kirchnerismo tomó el punto tratando de lavarse la cara con la reforma a los delitos de calumnia e injurias. Con la reforma de la ley 26.551, se “despenalizaron” las calumnias e injurias contra funcionarios públicos en tanto las mismas se consideran, a priori, cuestiones de interés público o vinculadas al interés público. En ese sentido, elimina la pena de prisión por la comisión de esos delitos reemplazándola por una multa pecuniaria que la ley fija entre los 3.000 y los 30.000 pesos. ¿Qué opina el PTS ante esto? Desde la TPR consideramos que es una impostura porque mantuvo los delitos de calumnias e injurias tipificados y sólo la “despenalizó” parcialmente (sigue habiendo multas y sólo cuando la información publicada o difundida fuera de interés público). A su vez, las restricciones a la libertad de expresión contenidas en el Código Civil no fueron objeto de reforma hasta el momento. Es decir que modificó las penas pero no lo anuló como delito. 
Esto no es sólo una opinión de los “calumniadores” de la TPR que con tanta pasión defendemos el malicioso derecho a la difamación. El propio CELS, en la aclaración previa al proyecto de su autoría, sostuvo que: “(…) estamos convencidos de que desde el punto de vista del principio de mínima intervención del derecho penal y de la mayor protección posible a la libertad de expresión, la mejor opción de reforma normativa sería la que pretendiese la despenalización completa de las calumnias e injurias. En efecto, no es el sistema penal el medio adecuado para restringir la divulgación de ciertas expresiones”. 
Incluso, una de las razones esgrimidas por el gobierno fue un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la Argentina, advirtiéndole que estos delitos tal como estaban configurados atentaban contra la libertad de expresión. Reivindicaba de esta forma la doctrina fijada por la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso Sullivan versus The New York Times, en la década del 60. En la misma decía que “hemos dicho que la garantía constitucional fue establecida para asegurar el libre intercambio de ideas del cual emanan los cambios sociales y políticos deseados por el pueblo. Mantener la libre discusión política para lograr que el Gobierno responda a la voluntad del pueblo y que se obtengan cambios por las vías legales, posibilidad esencial para la seguridad de la ‘República’, es un principio fundamental de nuestro sistema constitucional. Es un preciado privilegio americano poder expresar, aunque no siempre con buen gusto, las propias opiniones sobre las instituciones públicas, y ese privilegio debe acordarse no sólo para los debates abstractos sino también frente a la defensa vigorosa de las ideas... Por eso debemos analizar este caso partiendo de una profunda adhesión al principio de que la discusión sobre los asuntos públicos debe ser deshinibida, sin trabas, vigorosa y abierta, pudiendo incluir ataques vehementes, cáusticos y a veces desagradablemente agudos, contra el gobierno y los funcionarios públicos”. ¿Qué opina el PTS? ¿A favor o en contra? ¿A la izquierda o a la derecha del juez William J. Brennan y la Corte Suprema del imperialismo yankee?
LOS LUCHADORES DE ZONA NORTE SABEN QUE LA TPR APOYA TODAS LAS LUCHAS OBRERAS
Entendiendo la persistencia de esta amenaza queremos responderle a la militancia del PTS y en particular al activismo de Zona Norte: si como plantea el PTS que la TPR es un grupo provocador ajeno a la clase obrera, ¿por qué el PTS no planteó al inicio del Encuentro que nos debíamos retirar y sí lo hizo con un método patotero al finalizar? El activismo de Zona Norte no conoce a la TPR por ninguna provocación; por el contrario, nos conocen por haber inaugurado un nuevo local en la localidad de Maschwitz para respaldar a los trabajadores de la Línea 60, a cuadras de su cabecera. El activismo de Zona Norte conoce a la TPR por las decenas de piquetes en el Parque Industrial de Pilar que llevaron adelante en los últimos meses tanto los trabajadores de Kromberg como los de Impresores, con un corte en Panamericana donde estuvimos codo a codo con los trabajadores frente a la amenaza de desalojo. Somos luchadores, defendemos al Frente de Izquierda: de hecho, fiscalizamos para el Frente de Izquierda en Capital Federal, zona norte y Córdoba. Esto el PTS lo sabe porque fue en colaboración con ellos que desarrollamos la fiscalización. Partiendo de reconocer esto, el PTS tiene que clarificar el carácter del Encuentro Obrero convocado por la C.I. de Kraft: ¿es un espacio frentista con libertad a fijar la posición de cada organización o no? Si quieren convocar un Encuentro del PTS y reservarse el derecho de admisión lo pueden hacer, lo que es inadmisible es que en nombre de los trabajadores de Kraft y Kromberg monten un ataque faccional contra luchadores de otras organizaciones.
LOS TRABAJADORES TIENEN LA ÚLTIMA PALABRA: BASTA DE PROVOCACIONES. APOYEMOS LAS LUCHAS OBRERAS
Al ser “calumniado” por el stalinismo de ser “trotskista”, el Che Guevara respondió: “Lo único que creo es una cosa, que nosotros tenemos que tener la suficiente capacidad como para destruir todas las opiniones contrarias sobre el argumento o si no dejar que las opiniones se expresen. Opinión que haya que destruirla a palos es opinión que nos lleva ventaja a nosotros. Eso es un problema que siempre debemos hacer. No es posible destruir las opiniones a palos y precisamente es lo que mata todo el desarrollo, el desarrollo libre de la inteligencia”. En 1961, en una entrevista con Maurice Zeitlin, Guevara denunció la destrucción por la policía cubana de las placas de La Revolución Permanente de Trotsky como un “error” y algo que “no debería haber sido hecho”. Y, poco antes de dejar Cuba en 1965, logró sacar de la cárcel al dirigente trotskista cubano Roberto Acosta Hechevarría, al cual declara, al despedirse con un abrazo fraternal y parafraseando a Voltaire: «Acosta, las ideas no se matan a palos». A los militantes del PTS les preguntamos, ¿las denuncias contra el PTS sí se matan a palos? 
Llamamos a los trabajadores a repudiar las amenazas y patoteadas como método para dirimir discusiones entre luchadores. Defendemos la más amplia libertad de expresión para los luchadores y no estamos de acuerdo que ni el Estado ni el PTS ni nadie utilice el “delito de opinión” para perseguir a los luchadores. Llamamos al PTS a desistir de estas actitudes patoteras y a defender un verdadero método obrero: el debate público y libre de cara a todos los trabajadores. El veredicto de quién calumnia y quién es un patotero no corresponde a nosotros sino que será definido por cada trabajador. Proponemos defender la campaña por la Lila en Kromberg, por el pase a planta de los tercerizados ferroviarios y del subte, por la abolición del impuesto al salario del clasismo, por la defensa de los compañeros de Emfer y Tatsa, y por todas las luchas obreras y populares. Estos son los métodos democráticos, clasistas, combativos y libertarios con los cuales desde la TPR queremos educar a las nuevas generaciones de trabajadores y militantes de izquierda.
15 de septiembre de 2013

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