2 jun. 2016

SERGIO GARCIA: "LA REGRESION DE MODELOS EQUIVOCADOS"




Buenos Aires, 02 de junio de 2016         

Columna de opinión   
CFK, Dilma, Maduro:
La regresión de modelos equivocados

Por: Sergio García
Dirigente del MST. Periodista político. Director de la revista Nueva Izquierda. 
Coordinador en Argentina de la web Portal de la Izquierda.

A miles de latinoamericanos nos preocupa la llegada de gobiernos de la derecha clásica, con su ajuste directo, su relación con el imperialismo y su estrategia antipopular. Hoy hace falta una política que parta de la unidad en las luchas contra Macri en Argentina y en Brasil contra Temer, sumando a esto la denuncia de los planes de la MUD en Venezuela.

A la vez es importante reflexionar sobre por qué se llegó a esto. Hay representantes del proyecto del PT y del FPV que explican la caída de sus gobiernos por el accionar golpista de las derechas, el PSUV de Maduro ya se sumó a esta tesis anunciando que también le estarían preparando un golpe. La realidad es más compleja y tiene, junto al accionar de las derechas, como centro de las causas del fracaso de estos gobiernos, su negación a realizar cambios estructurales.

El gobierno de Maduro en Venezuela, el de Argentina bajo CFK y el de Brasil bajo Dilma, no siendo iguales entre sí tienen en común que no hicieron un modelo emancipador, y realizaron de una u otra forma políticas de ajuste que los hizo romper con grandes franjas de la población. De ahí nace el espacio político que recuperan sectores de derecha, a causa del descontento creciente.

Así en Brasil una maniobra reaccionaria de la derecha dio origen a un gobierno transitorio que es reaccionario, nacido de las entrañas del régimen que el PT defiende. Como plantean los dirigentes del MES/PSOL Roberto Robaina e Israel Dutra «Con la victoria del impeachment tenemos un cambio de gobierno claro. El régimen no cambia, pero el gobierno deja de ser social liberal, -en los últimos dos años social liberal paralizado y en crisis completa-, para dar paso a un gobierno burgués reaccionario. En esta definición es necesario el rigor marxista. No hubo un cambio de régimen político. En ese sentido no solo no estamos en el 64, lo que sería ridículo afirmar, pero tampoco como en Honduras o en Paraguay, a pesar que lo de Paraguay es más parecido por la capitulación del gobierno Lugo. No podemos decir que el gobierno haya resistido de forma seria. No hubo resistencia, hubo una disputa política para establecer un discurso y una apuesta permanente en las instituciones del régimen».

En Venezuela la ruptura de Maduro con el bolivarianismo es visible. ¿Qué la derecha actúa fuerte? Claro que sí. Pero es el gobierno quien ajusta, no garantiza el acceso de la población a medicina y alimentos, realizó el desfalco sobre ingresos petroleros e impulsa la entrega del oro a corporaciones. Carlos Carcione de Marea Socialista bien dice: «Con el Decreto 2323, la tentación autoritaria que durante meses vino mostrando la cúpula del gobierno se encuentra frente al delgado límite de una medida extraordinaria que, de imponerse en todo su alcance, deroga, de hecho, las garantías y derechos constitucionales y suprime la república como forma de gobierno. Por medio del decreto el gobierno ha declarado a viva voz su voluntad de transformar un régimen político democrático, en uno bonapartista clásico: totalitario, reaccionario y represivo».

Mientras enfrentamos a Macri, aquí también hay que ver que pasó. Años de ascenso económico le dieron al kirchnerismo la posibilidad de provocar cambios estructurales y no los hizo, no por no poder, sino por no querer; es CFK quien se define defensora del capitalismo y así tomó medidas tibias, parches, sin tocar a las grandes corporaciones los problemas sociales siguieron, mientras Monsanto, Chevrón, Barrick, Cristobal López, Báez y otros se enriquecieron bajo el modelo del FPV.

Saquemos conclusiones del fracaso de estos gobiernos, veamos sus errores y sus relaciones de casta con el poder capitalista. No avalemos la tesis del «no se puede más», ese posibilismo derrotista que frena. Sudamérica pudo haber hecho otra cosa, un ALBA real, con moneda común, banco común, intercambio solidario de productos, control estatal del comercio y el sistema financiero, control social de las grandes riquezas y expulsión de las corporaciones extractivas. Apoyados en la fuerza de los pueblos sí se puede plantear ese camino, por eso la tarea frente a las nuevas derechas no es defender proyectos que fracasaron, sino construir nuevas alternativas desde la izquierda, que se jueguen a tomar medidas de fondo y a disputar el poder político. 

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