14 may. 2019

CORDOBA: ENORME DERROTA DEL GOBIERNO Y UN GOLPE DURÍSIMO PARA TODA LA IZQUIERDA ELECTORALISTA

Damián Vekelo y Juan Giglio

El resultado de la elección en el segundo distrito electoral del país, fue una derrota aplastante para el gobierno, ya que esta fue la provincia que le garantizó el triunfo a Cambiemos en el 2015. Schiaretti duplicó prácticamente la cantidad de votos obtenidos en relación a los comicios anteriores, consiguiendo una diferencia -entre vencedor y su escolta- que es la máxima desde la recuperación democrática. Con escrutinio sin terminar, agregamos un dato virtual: ese record se mantendría si se adicionaran los votos de Negri y Mestre. Una suma ficticia entre dos facciones que se odian[i]

Los votos al Partido Justicialista cordobés no deben ser interpretados como un cheque en blanco a esta organización ni a su caudillo provincial, tampoco como un “giro a la derecha” o votación “conservadora”, como plantea buena parte de la izquierda. Ningún político goza hoy de ese beneficio, porque lo sucedido en la provincia mediterránea, no es más que es una reacción a la situación que viven las masas en la actualidad, un rechazo al oficialismo, como también lo fue el triunfo del Macri en 2015, que expresó la bronca contra Cristina. Hoy “ese combo que componen la recesión, la inflación, la destrucción de empleo y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios tal vez sea el gran factor común nacional que pueda computarse en estos comicios cordobeses.”[ii]  

La izquierda electoralista, en retroceso

El Frente de Izquierda no hizo una buena elección, apenas un 2,6% de los votos positivos, en una provincia con fuerte peso y tradición del movimiento obrero, que los/as camaradas del PTS, PO e IS no fueron capaces de reflejar o interpretar de forma positiva. En ese sentido, disentimos con el balance que hace el Partido Obrero, que le tira el fardo de su mala actuación al “nivel de consciencia” de la clase trabajadora, que no los votó, no por el "atraso", sino porque optó por Shiaretti, creyendo que era la herramienta más efectiva y contundente para castigar a Macri. 

Al contrario de lo que piensan las conducciones del PO y del PTS, entendemos que las condiciones objetivas para el desarrollo de una izquierda revolucionaria continúan siendo enormes y se profundizan. Los trabajadores no solo luchan, a pesar de la burocracia sindical, sino que existe una tendencia creciente a desbordar los cuerpos orgánicos y encarar esas luchas de forma absolutamente independiente (como sucedió en el paro activo del 30 de Abril en el enorme y combativo piquete que garantizó el corte del Puente La Noria). 

El problema es que el FIT no apareció en estas elecciones como un elemento discordante del resto de los candidatos y candidatas de la burguesía, sino como una moderna centro izquierda, un poco más crítica que la tradicional. El FIT y el resto de las listas de izquierda que se presentaron en Córdoba, no apoyaron sus campañas en los elementos más avanzados de la vanguardia ni en los procesos de lucha más radicalizados. Todos los partidos que se reclaman socialistas y se presentaron en los comicios cordobeses, encararon esa pelea aceptando, en los hechos, las reglas del juego del régimen, apareciendo como su ala izquierda. 

Una de las expresiones contundentes de esa adaptación fue, semanas atrás en las elecciones de la provincia de Chubut, la negativa a ubicar como candidato a Daniel Ruiz, preso por haber estado a la cabeza de la gran pelea del Congreso el 18 de diciembre de 2017. ¡La “Batalla del Congreso” y su necesidad de continuarla, estuvo ausente en los spots de campaña y en los discursos de cada uno de los candidatos izquierdistas, tanto en la Patagonia como en Córdoba! 

¿Dónde debemos pararnos? 

Ponerse al servicio de las luchas obreras para dotarlas de un programa que supere el estrecho marco reivindicativo, es la tarea, que está ligada indisolublemente a la acción directa -en los hechos lo importante- que define (más allá de la letra programática) nuestra conducta como revolucionarios en la arena de la lucha de clases. ¡La tribuna parlamentaria puede ser, si se la aprovecha, una gran vidriera nacional desde la cual se impulse los combates extraparlamentarios! 

Las bancas en el Congreso deben ser utilizadas para, desde adentro, dinamitar políticamente a esa "cueva de bandidos” al servicio del capital financiero internacional, realizando una denuncia implacable a cada uno de sus componentes, tanto del oficialismo como de la supuesta oposición. Lamentablemente, la izquierda -con representación parlamentaria- en vez de cumplir con este principio, dictado hace muchos años por Lenin y otros maestros del marxismo- se dedicó a coquetear con el kirchnerismo, lavándole la cara frente al movimiento de masas. 

Por esa razón, no es casual habernos encontrado con actos o “debates” en donde Myriam Bregman o el “Pollo” Sobrero trataban de “compañeros” a Kicilof y al traidor de Moyano. Estos gestos no constituyen un tropezón en el camino de los partidos de izquierda -que públicamente representan ambos camaradas, cuya moral y militancia no cuestionamos- sino una manera de andar, que se replica en otros militantes del FIT, el Nuevo MAS o el MST. 

¡En ese contexto, en Córdoba buena parte del movimiento de masas, en vez de votar a la “fotocopia mal hecha” de la oposición burguesa y burocrática, optó por darle su apoyo, aunque limitadísimo, a los originales! Probablemente suceda lo mismo en las próximas elecciones nacionales, ya que el FIT y demás no aparecen ni intentan hacerlo, como una alternativa total y absolutamente distinta del nefasto y reaccionario kirchnerismo, sino apenas se ubican como una variante un poco más “izquierdista”. 

Hoy los trabajadores están dando recién los primeros combates de una larga lucha, que tendrá como principal enemigo al Pacto Social del peronismo, que ya se está implementando para complacer a los funcionarios del Fondo Monetario Internacional, que no por casualidad acaban de declarar que “no le tienen miedo al kirchnerismo”. ¡Cómo tenerles miedo a estos personajes, que además de haberle votado todas las leyes a Macri, ahora atacan a las luchas y los luchadores con sus patotas, como sucedió en Autobuses Santa Fe o, más recientemente, en la fábrica Electrolux de Rosario! 

Las patotas sindicales del kirchnerismo son el preanuncio de lo que vendrá cuando Cristina o cualquiera de los candidatos del PJ se vuelvan a hacer cargo del poder. Esta “vuelta”, como fue el regreso de Perón, en su tercer mandato, significará poner la poca o mucha autoridad que tenga el justicialismo al servicio de la continuidad del Plan de Ajuste y Saqueo que hoy por hoy implementa Macri. La “diferencia” no estará en la esencia del mismo, sino en su apariencia. 

La lucha por la dirección del movimiento obrero es y continuará siendo, una pelea física contra las fuerzas represivas del régimen y sus bandas parapoliciales -como las que está organizando el peronismo- la izquierda revolucionaria no puede omitir este aspecto, sino que debe ponerse al frente de los piquetes de auto defensa, convocando a la vanguardia obrera más decidida a sumarse. En semejante contexto, la campaña electoral no puede sino estar al servicio de esta práctica, que constituye uno de los aspectos centrales de la política revolucionaria. 

Los partidos de izquierda que participan en el juego electoral, porque cuentan con personería y capacidad militante, deberían reflexionar y unirse para las próximas presidenciales, convocando al resto de los grupos que nos reivindicamos obreros y socialistas, a dar una pelea diametralmente distinta. Una lucha -en el peor de los terrenos, el de la burguesía- con una línea que apunte hacia el corazón del régimen, en vez de ayudar a sostenerlo.



[i] Pagina12; 13/05/2019
[ii] La Nación; 13/05/19

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