26 mar 2020

DECLARACIÓN DEL PRML


*Declaración del PRML frente a los anuncios presidenciales*

El presidente Fernández anunció que reglamentará por decreto una cuarentena obligatoria hasta el 31 de marzo.

La situación sanitaria plantea que se tomen medidas por fuera de lo habitual. Así lo han entendido, por ejemplo, las fuerzas del Encuentro Memoria Verdad y Justicia que decidieron postergar la movilización del 24 de Marzo, postura asumida desde la responsabilidad propia de quienes luchan por los intereses del pueblo. En las semanas previas varios fueron los sindicatos que desde el comienzo de la crisis exigieron medidas excepcionales para cuidar la salud de los trabajadores.

Visto el desarrollo del coronavirus en el mundo, y dada la fragilidad de nuestro sistema de salud, la cuarentena finalmente anunciada por el gobierno es una medida que se impone como razonable. Hay que señalar que el anuncio oficial puso todo su centro en el aislamiento, subestimando el protagonismo popular para intervenir en la crisis sanitaria. Así como miles de médicos y trabajadores de la salud redoblan sus esfuerzos cotidianos para garantizar el bienestar, también las organizaciones territoriales, sindicales y estudiantiles pueden tener una participación activa como agentes sanitarios colaborando con los profesionales de la salud. Para ello, hace falta que se repartan masivamente los elementos básicos para mantener la limpieza y el cuidado personal -jabón, alcohol, lavandina, barbijos, etc- que de manera infame son remarcados todos los días en las grandes cadenas, amén de su faltante en las góndolas, ante la inacción oficial. Por otra parte, esta participación popular haría innecesaria la intervención de fuerzas como Gendarmería, tristemente célebres por su hostigamiento a los más humildes: así como el presidente advirtió que será inflexible con quienes violen la cuarentena, los trabajadores y el pueblo deben ser inflexibles ante cualquier abuso represivo.

Hay que poner en pie comités de crisis en cada hospital, en cada barrio, en cada fábrica o lugar de trabajo que se encuentre funcionando, para viabilizar la intervención obrera y popular en esta emergencia, exigiendo que se destinen recursos y asumiendo su control, así como la organización de la autodefensa popular frente a posibles hechos de represión.

El sistema sanitario de nuestro país ya era precario desde antes de la aparición del coronavirus. En los hospitales faltan insumos, equipamiento y personal, que en ocasiones trabaja en negro, con contratos basura, sin ART ni obra social. Sin ir más lejos, en el Instituto Malbrán, de las 11 personas que trabajan en el laboratorio de virus respiratorios, cuatro son parte de la planta permanente y las otras siete llevan dos décadas con contratos precarizados. En ese sentido, la contratación de más trabajadores y la construcción de nuevos hospitales son medidas bien encaminadas, pero insuficientes. El conjunto del sistema privado de salud (laboratorios, sanatorios, cadenas farmacéuticas, etc.) debe ser puesto a disposición del Estado y al servicio del pueblo.

Lo mismo puede decirse de la ayuda para los principales damnificados por el parate económico: desocupados, jubilados y pensionados, trabajadores informales, cuentapropistas y pequeños comerciantes. Los fondos adicionales destinados a jubilados y beneficiarios de la AUH ($27.000 millones por dos meses) son una moneda que apenas compensa la pérdida por la inflación de 2019. Tampoco se anunció una prohibición de despidos y suspensiones en el sector privado, mientras tanto las empresas aprovechan y reducen personal o dejan de pagar los sueldos.

Los recursos para hacer frente a esta situación están al alcance de la mano, si efectivamente se privilegia la salud del pueblo sobre la propiedad monopólica, financiera, bancaria, bonistas, etc. En semejante crisis el conjunto de los recursos deben ir a la atención de la salud del pueblo: es urgente asignar un presupuesto extraordinario a partir de la suspensión del pago de la deuda pública y de los enormes recursos nacionales que se encuentran en manos de empresas monopólicas, bancos y especuladores financieros. La salud es más importante que sus ganancias.

El pueblo argentino se siente interpelado dadas sus enormes reservas solidarias. Su inmensa movilización en favor de la salud popular tarde o temprano chocará contra una estructura económica deformada por la propiedad monopólica de los recursos sociales. Hacia ese blanco deben apuntar las medidas que se tomen para hacer frente a la pandemia.

 *PRML - Partido Revolucionario Marxista Leninista*
_20/03/20_

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