16 abr. 2014

QUEBRACHO: UNIDAD, RESISTENCIA, REVOLUCION

Editorial Quebracho Prensa Nacional, marzo-abril 2014
Los sectores populares debemos ser capaces de construir una acumulación de poder para confrontar y lograr la victoria contra las tendencias globales de depredación y saqueo, cristalizando el antiimperialismo, para construir el socialismo como política de estado. Debemos desatar un proceso revolucionario de construcción de justicia social. Requiere del compromiso del pueblo, traducido en soberanía popular. Es decir, el ejercicio de un protagonismo que vaya perfilando un nuevo concepto de democracia de masas y de poder popular, de proceso popular constituyente.
Son muchas las tareas y desafíos que tenemos por delante en un camino semejante. 
Algo que atenta contra esa proyección es la propuesta de la presidenta de legislar sobre la protesta callejera. Muchas veces se ha tratado de hacer algo así. Como antes, creemos que eso irá a ningún lado. Si es que creemos que durante los últimos 10 años hemos logrado como pueblo escalar varios pisos en nuestra subjetividad política. Si consideramos que con la legislación no se resuelve la conflictividad política y social. Por la persistencia de las deudas históricas, la pobreza que viste a muchísimos argentinos, las heridas abiertas o las pérdidas que se socializan para paliar una crisis, una recesión o lo que sea. Y porque la calle sigue siendo escenario principal de acumulación, de lucha y de victorias políticas, donde organizaciones populares, partidos, movimientos, asambleas despliegan política, exponen problemáticas sociales, disputan cuotas de poder, resisten, se hacen escuchar, irrumpen como pueden, con las herramientas que siempre hemos contado como pueblo, o con las herramientas que vamos construyendo. Y lo seguiremos haciendo, a pesar de que alguien pretenda confiscar también esa dimensión de la política popular. 
Un proceso revolucionario de construcción de justicia social requiere de la UNIDAD de la amplia gama de sectores que anhelan una Patria justa, digna y soberana. Unidad que debe tener vocación de enfrentamiento con el Imperio y defensa de la soberanía. Unidad en la defensa de los derechos conquistados, unidad en el combate contra las persistencias neoliberales, y unidad para la revolución.
La unidad en el combate contra las persistencias neoliberales implica la lucha contra la megaminería, contra las multinacionales del saqueo, contra la enajenación de la propiedad de la tierra, el saqueo petrolero, el no pago a la deuda externa, la no supeditación a los tribunales internacionales como el CIADI.
Oponerse al acuerdo de YPF con Chevron y a la explotación de hidrocarburos con el método de fracking no es sólo una cuestión ambiental, es principalmente una cuestión de antiimperialismo y de anti-extractivismo neocolonial. Porque eso es extraer el petróleo para solventar las necesidades de consumo del mismo modelo agrominero exportador.  Oponerse al pago a Repsol por la expropiación e YPF es seguir sosteniendo que esa multinacional saqueó nuestros hidrocarburos durante años y desguazó la petrolera estatal, de donde obtuvo beneficios extraordinarios. Es defender nuestra soberanía ante las resoluciones tomadas en un tribunal internacional (CIADI), alojado en territorio yanqui, con jueces yanquis, controlado por las propias multinacionales, dependiente del Banco Mundial. Estar en contra del pago de deuda al Club de París (unos 10.000 millones de dólares) es sostener que esa deuda es ilegal, ilegítima y fraudulenta, que como toda la deuda externa, ya ha sido pagada con creces, y que seguir pagando es pagar con el sudor de los argentinos. Oponerse al modelo de los agronegocios es luchar contra el poder de un puñado de empresas que controlan una buena parte de las exportaciones del país, que tienen la capacidad de controlar la producción, imponer precios al pequeño productor, especular con el abastecimiento del mercado interno, manejar y controlar en gran medida la oferta de divisas o presionar por más devaluación.
Todas estas son batallas que no podemos evadir. Imposible pretender que no existen. Todas son banderas absolutamente ardientes, que no levantarlas, no militarlas, redunda en la deserción de las tareas de la etapa. 
El rumbo marcado por las últimas medidas económicas tomadas por el gobierno (que son decisiones políticas) exponen al parecer la voluntad de construir una salida ordenada, acomodando las cuentas, preparando el terreno para una transición en el régimen de dominación, donde la gobernabilidad emerge nuevamente como el valor y la necesidad más preciada del régimen para seguir consumando el saqueo.
La devaluación del peso respecto al dólar (acumulando en 12 meses un 60%) es la transferencia de recursos desde la mayoría de la población (los que perciben ingresos fijos, los trabajadores,  los que reciben planes sociales, jubilaciones, pensiones) al capital concentrado, favoreciendo a los grandes productores y exportadores que así lo demandaban. Se quieren establecer topes a los salarios en las paritarias y a las jubilaciones por debajo de la inflación, se quieren recortar subsidios, descongelar tarifas de servicios públicos para achicar el déficit fiscal y reducir la emisión de pesos. La inflación que se acumula desde hace meses en precios de bienes y servicios que consume la mayoría de la población (con la recomposición salarial siempre a la sombra), es otro mecanismo de las grandes empresas oligopólicas para resolver la transferencia de ingresos al capital, llevando a una constante pérdida de poder de compra de los trabajadores y del conjunto del pueblo. Quizás esto redunde en un nuevo equilibrio económico en el país, aunque sea transitorio, pero no se puede mirar para otro lado y no ver que esto se está haciendo principalmente a costa del esfuerzo de la mayoría de la población pobre y trabajadora.
Mientras tanto, la antipatria, los que obtienen los beneficios en estas medidas, sigue a la orden del día. Los vemos en sus reacciones gatilladas por la propuesta de legislación de la movilización callejera (basta escuchar a los representantes del amplio arco que va de centroizquierda a derecha, o algunos dentro del mismo kirchnerismo, como el gobernador de Misiones y sus declaraciones luego de la represión contra los trabajadores estatales en el desalojo del puente Garupá).  En los que proponen eliminar retenciones a las exportaciones, bajar salarios, terminar con los subsidios, bajar el gasto público, avanzar en recortes en la administración del estado, aumentar las tarifas y presionar por una nueva y mayor devaluación. 
Las reuniones de la presidenta y su gabinete con la cúpula de la UIA, con distintas multinacionales  y representantes de las principales exportadoras de granos (empresas que nunca en la historia han hecho tantas ganancias como en los últimos 10 años) es expresión de una política que no lleva más que nubarrones para nuestro pueblo.  Como ha ocurrido anteriormente, pero ahora con el beneficio de la devaluación y el incremento de confianza de parte de inversores internacionales que supuestamente se ha ganado debido las últimas señales de la política económica-financiera del gobierno, se reafirmaron los términos de producción y exportación actuales, garantizándoles que no tendrán sobresaltos.
Algunos esperan el desastre con ansias. Otros pretenden lograr una salida montados en las espaldas de los pobres y de los trabajadores. Nosotros intentaremos evitar ambos caminos. 
Detrás de todo eso está el fortalecimiento de la tendencia histórica que empuja hacia una refundación neoliberal, hacia una revancha. Este poder económico, y las variantes del sistema de administración de poder y de reproducción de gobernabilidad que sustenta el actual régimen que nos gobierna  se sostiene por las persistencias neoliberales donde se afianzan, donde han cavado trincheras y en la producción de gobernabilidad basado en la confiscación de la política y de la soberanía popular.
Esto se inscribe también en el marco de una ofensiva imperialista sobre la región que pretende consolidar la voracidad y depredación, la mega-minería, los transgénicos, los agronegocios, el saqueo en general. Están allí sus correlatos de integración económica y diplomática (la contraofensiva del ALCA) como la Alianza del Pacífico o el intento de aprobar un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea.  O está Venezuela -la Venezuela de siempre, la de Chávez, la de Maduro, la del pueblo bolivariano- para atestiguar cómo se produce hoy la injerencia imperial, cuáles son sus métodos, hasta donde están dispuestos a llegar, y cómo se produce la articulación de la derecha internacional y cómo funciona el entramado mediático. 
Esa tendencia sólo podrá ser cambiada por la férrea decisión del pueblo.
Las tareas de la etapa siguen teniendo que ver con el desarrollo de la organización popular, la organización política y el agrupamiento de cuadros, el desarrollo político del pueblo y la construcción de fuerza revolucionaria y de unidad política. Es necesario proponer un camino de acción política posible, necesario, para nutrir y desatar el proceso revolucionario.
¿Qué pasaría si nos negamos a pagar la ilegítima, ilegal y fraudulenta deuda con el Club de París? ¿Qué ocurriría si no pagaran a Repsol esos 5000 millones de dólares? ¿Qué pasaría si el estado tomara mayores cuotas de control sobre el comercio exterior, por ejemplo, sobre la exportación de granos? Serían hechos revolucionarios por diversas razones. Porque un gran capital acumulado socialmente que tenía como destino las arcas del sistema financiero internacional o de poderosas multinacionales estaría derivado hacia el mercado interno o el Banco Central. Porque representarían hitos en la defensa y recuperación de soberanía nacional ante los instrumentos del imperialismo. Nos dirán, esto generaría a la vez una gran reacción en los poderes imperiales que junto a muchos sectores políticos y económicos locales se lanzarían a profundizar un proceso de feroz enfrentamiento contra la Argentina. Quizás sí. Pero se trata de revolucionar, de tener audacia para reconocer la potencialidad del poder de las masas y la posibilidad de romper correlaciones de fuerza para construir nuevas correlaciones de fuerza. Sería un proceso que aportaría a borrar fronteras ideológicas ante la aparición de un norte que estaría alineando a gran parte de nuestro pueblo detrás de un objetivo, de una política. Fundamentalmente, sería un proceso de irrupción de la política de masas, del poder popular en ejercicio permanente para no sólo respaldar, sino más bien protagonizar y defender un proceso revolucionario de construcción de justicia social que se estaría abriendo, y a la vez, un avance hacia la construcción del socialismo como política de estado.
Hoy, la militancia patriótica  y revolucionaria de Quebracho, con nuestros dos máximos dirigentes detenidos en prisión, en la cárcel de Ezeiza desde el 3 de diciembre de 2013, y sin saber en qué momento lograremos liberarlos, seguirá construyendo unidad en las fuerzas populares llamadas a nutrir y desatar el proceso revolucionario argentino. Seguiremos intentando el acceso a políticas públicas, intentando visibilizar que la pobreza sigue, y que hay miles y miles de argentinos proscriptos y  despreciados, seguiremos militando nuestra soberanía, señalando y combatiendo los enemigos de la Patria. 

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