16 ago 2009

CUMBRE DE UNASUR EN ECUADOR MOSTRÓ DISTINTAS POSICIONES

La arena-Opinión

En de Quito se vio a una Unasur con matices políticos entre los doce socios

Los países de Unasur tienen sus acuerdos generales, que se vienen gestando desde 2004, cuando nació el bloque. Pero también serias diferencias políticas, como las visualizadas en la reciente reunión de Quito.
EMILIO MARÍN

Primero conviene refrescar de qué se trata Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Nació en diciembre de 2004, en Cuzco, Perú, con el nombre de Comunidad Sudamericana de Naciones, integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.
Hizo una primera cumbre formal en 2005 en Brasilia, una segunda en 2006 Cochabamba, y una tercera, en 2007 en la isla de Margarita. En abril de ese año, el presidente venezolano sugirió rebautizar al espacio como Unasur y llevó varias propuestas económicas de integración regional.
Varias de esas iniciativas no prosperaron por algunas desavenencias con Brasil, pues Lula da Silva había adherido al plan de George Bush para producir etanol. Chávez dio una lucha a brazo partido contra ese proyecto, que ya había sido muy cascoteado por el líder cubano Fidel Castro, hipercrítico con la idea de convertir alimentos en combustibles.
No sólo los temas económicos han estado en la agenda sudamericana. Los de defensa también han llevado su tiempo, luego que por idea de Lula se acordara en 2008 un Consejo Sudamericano de Defensa. Los cancilleres y presidentes integrantes tuvieron en setiembre de ese año, también a propuesta de Lula, un fructífero encuentro en Chile, para defender al gobierno de Evo Morales, hostigado a fondo por una sublevación de la derecha separatista de Pando (ramificación de la derecha del mismo tipo actuante en Santa Cruz de la Sierra, Beni y Tarija).
La estabilidad del gobierno del ex cocalero aymara dependió bastante en esa coyuntura de la colaboración política de Unasur, que envió una comisión a investigar los crímenes cometidos por el prefecto de Pando. El apoyo popular a Evo de su propia gente fue lo decisivo para su continuidad, pero la condena internacional a los hechos puso algo más que un grano de arena.
La propuesta de un Consejo de Defensa tuvo como origen la durísima crisis entre Ecuador y Colombia, con Venezuela de parte de aquél, luego que en marzo de 2008 los militares colombianos bombardearan e invadieran una zona de Ecuador donde había un campamento transitorio de las FARC. En ese momento se rompieron las relaciones entre los dos países vecinos y Unasur quiso impedir que la escalada terminara en una guerra entre Quito y Bogotá en la que difícilmente hubiera sido ajena Caracas.
Y conste que Venezuela, Colombia y Ecuador están en el pacto sudamericano, según el listado de miembros expuesto más arriba. Ese fue un ejemplo de que los doce países tienen sus amores pero también profundas diferencias políticas y no están aventados los riesgos de conflictos armados.

Los siete puñales
Las relaciones entre Colombia y Ecuador siguieron rotas hasta nuestros días, y las de Colombia y Venezuela severamente dañadas, luego que Alvaro Uribe denunciara que Chávez había entregado lanzacohetes de fabricación sueca a las FARC. El aludido explicó que dichas armas habían sido tomadas por la guerrilla en un ataque a un puesto fronterizo en 1995, cuatro años antes de que su Movimiento V República llegara al poder.
El clima espeso entre los tres gobiernos había motivado que el Consejo de Defensa Suramericano tuviera en marzo de 2009 una nueva cita en Chile, bajo la presidencia de Michele Bachelet.
Esos paños fríos no lograron influir en Uribe para que accediera a las garantías pedidas por Ecuador para reanudar las relaciones diplomáticas, ni lo disuadieron de cesar en sus campañas antichavistas. Pasó a agitar el asunto de los lanzacohetes suecos.
Peor aún, cuando el conflicto estaba más complicado que nunca, en Bogotá lanzaron una bomba político-militar: se instalarían 7 bases militares estadounidenses en su territorio. La información la dio en Cartagena de Indias el Comando Sur del general Douglas Frazer.
No sólo Ecuador y Venezuela tuvieron una total oposición a ese proyecto, que puede ponerlos en la mira de esas instalaciones militares, sino que otros gobiernos latinoamericanos lo rechazaron.
Uribe decidió que en vista de ese panorama no era saludable ir a la cita de Unasur en Quito, el 10 de agosto. Hizo antes una gira rápida por Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, para justificar su asociación castrense con Washington.
Salvo Alan García, quien le dijo al visitante en Lima que algún día la región le agradecerá su gestión, el resto de los mandatarios lo recibió fríamente y le expuso objeciones al funcionamiento de esas bases militares. La más sintética crítica provino de la pluma de Fidel Castro, quien las estigmatizó como “los siete puñales” que apuntan contra los países latinoamericanos.
Casi todos los presidentes dijeron que esas instalaciones violaban la soberanía colombiana y entrañaban un riesgo para los gobiernos de países vecinos a los que EE UU quiere agredir.

Izquierda, derecha y centro
La cita ecuatoriana de esta semana permitió visualizar las tres posturas de los gobiernos sudamericanos, que podrían encasillarse como la de izquierda, la de derecha y la de centro.
La derecha no cuenta en este caso a los golpistas de Honduras, porque se trata de un país centroamericano que no integra el espacio del sur. Obviamente que Roberto Micheletti, el usurpador de Tegucigalpa, nutre al bando de derecha o ultraderecha de la región. En esa opción también está Felipe Calderón, de México, que a falta de participación en Unasur por razones geográficas, se mantiene en el NAFTA o TLC de América del Norte, iniciado en 1994.
El jefe de Estado colombiano, que no se resigna a no poder postularse a una re-reelección, es la carta fuerte del bloque derechista y el preferido por lejos del imperio. Es su operador para demonizar a Chávez y para hacer los deberes que Washington impone, tales como la firma de Tratados de Libre Comercio y acuerdos militares de “seguridad”.
Uribe y el peruano García faltaron a la cita de Quito; el primero lo avisó y el segundo llegó muy tarde argumentando un desperfecto de su avión….
La izquierda sudamericana tiene a Chávez, Evo Morales y Correa como sus tres mosqueteros. La nacionalización hidrocarburífera del venezolano y su disposición a compartir las reservas del Orinoco con los países amigos, le hicieron ganar ese rol (y le granjeraron la profunda animosidad de las oligarquías de la región, llamadas por él “burguesías consulares”).
Morales comenzó a entregar tierras fiscales a centenares de campesinos, poblando la frontera amazónica. El proyecto se ejecutará sobre 250.000 hectáreas, lo que pondrá los pelos de punta a los latifundistas y sojeros de Santa Cruz de la Sierra.
Correa ganó en abril último la reelección, luego de estrenar Constitución, con el 60 por ciento de los votos y en primera vuelta. Está pagando el “Bono del Desarrollo” de 35 dólares a los ecuatorianos muy humildes y aseguró que la “revolución ciudadana” se va a radicalizar, luego de culminar su primera etapa.
Este bloque izquierdista hizo en Quito un acto popular en el estadio Atahualpa para festejar el nuevo mandato de Correa. Allí estaba presente Raúl Castro y hablaron varios presidentes, incluso el hondureño Manuel Zelaya, derrocado en junio. Estos gobiernos antiimperialistas forman el bloque del ALBA, junto a Nicaragüa, Dominica, San Vicente y Granadinas, y Barbuda y Antigua, con Paraguay de invitado.
En las deliberaciones de Unasur Evo Morales había presentado una ponencia de repudio al proyecto de bases en Colombia, y Chávez lo apoyó, diciendo: "cumplo con mi obligación moral de alertar: vientos de guerra comienzan a soplar".
Lamentablemente el documento final no rechazó explícitamente las siete bases. La causa fundamental puede haber sido el veto del centro: Cristina Fernández y Lula, secundados por Bachelet y Tabaré Vázquez. Ellos no quisieron una condena y Cristina se quejó de “las adjetivaciones, las estridencias y los discursos flamígeros”, criticando al venezolano.
El centro (Buenos Aires-Brasilia), si bien es crítico del proyecto colombiano, no está dispuesto a romper con él porque implicaría un problema en su relación con EE UU. De allí que pidiera otra reunión de Unasur en Bariloche, con invitación a Uribe e incluso a Barack Obama, si prospera la moción hecha por Lula.
Planteado en forma tosca: en Latinoamérica hay una izquierda en el ALBA, un centro en el Mercosur y una derecha en el eje Uribe-García-Calderón-Micheletti.

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