25 jun 2008

SOCIALDEMOCRACIA A LA MEDIDA DE GEORGE W. BUSH

Por Luis Agüero Wagner

Ernesto Che Guevara relata en las memorias de su segundo viaje por América Latina que tras dialogar con un dirigente del APRA peruano, pudo constatar que el marxismo era para el político aprista el principal enemigo a quien poco molestaba el imperialismo norteamericano. En un caso más reciente, senadores socialistas chilenos comparararon a Hugo Chávez con Pinochet por no renovar la licencia de Radio Caracas Televisión, empresa del grupo Boulton que durante 53 años le lavó impunemente el cerebro a los venezolanos.
El antiguo romance entre socialdemócratas e imperialistas volvió al tapete en la región con los ejemplos de la izquierda vegetariana en Brasil, Chile, Uruguay y otros países sudamericanos.
En los años de la guerra fría el imperio norteamericano decía promover la libertad de expresión, y para ello reclutaba nazis, manipulaba elecciones democráticas, inoculaba LSD a personas inocentes, violaba el correo de miles de ciudadanos americanos, derrocaba gobiernos, apoyaba dictaduras, tramaba asesinatos y compraba conciencias. Ya en aquellos tiempos, la socialdemocracia era muy útil para romper huelgas, algo que ocurrió reiteradamente en Francia por intermedio de personeros de organizaciones socialdemócratas vinculadas a fundaciones y otros organismos.
Desde su fundación en 1947, la CIA había estado involucrada en la financiación y manipulación secretas de organizaciones de voluntarios no gubernamentales.
En 2003, el mismo agente de la CIA arrepentido que acusó a Epifanio Méndez (tío del obispo Fernando Lugo Méndez) de ser agente de Langley, Philip Agee, describió cómo la CIA ha utilizado en el pasado a organizaciones no gubernamentales (ONG) para alcanzar sus objetivos políticos antidemocráticos en todo el mundo. Fue a partir de la administración Reagan que surgió un nuevo programa de alcance mundial destinado a financiar y desarrollar las organizaciones no gubernamentales y voluntarias –lo que hoy se llama con frecuencia "sociedad civil"— en el contexto de las políticas neoliberales impulsadas por Washington.
La CIA y la US Agency for International Development (USAID ó AID) tendrían un protagonismo central en este programa, y a ellas se añadió en 1983 The National Endowment for Democracy (NED). Tanto la AID como la NED tienen sin duda exigencias de documentación y procesos de aprobación similares a las de la CIA en la financiación de sus proyectos en la sociedad civil de otros países. Todas las personas involucradas deben contar con la aprobación previa tras un proceso de investigación, y cada una de ellas ha de tener tareas claramente definidas. Una comisión inter-organismos determina cuál de las tres –CIA, AID o NED—, o varias de forma combinada, deberá llevar a cabo tareas específicas en la sociedad civil de los países designados y cuánto dinero debe aportar cada una de las organizaciones. Las tres han estado colaborando en el desarrollo de una sociedad civil de oposición en Cuba.
Ya el 26 de febrero de 1967, The Washington Post había publicado un extenso artículo en el que revelaba un gran plantel de fundaciones, algunas ficticias, otras reales, que la CIA utilizaba para financiar sus redes globales no gubernamentales. El presidente Johnson ordenó una investigación y afirmó que había que poner fin a estas operaciones secretas, pero de hecho nunca lo hizo. La prueba es que las exitosas maniobras de la CIA en Chile provocaron el golpe militar del general Pinochet, en 1973, contra el gobierno elegido de Salvador Allende.
El avance de la izquierda en Etiopía, Angola, Namibia, Zimbabue, Grenada, Nicaragua y otros países llevaron a la creación, en 1979, de la American Political Foundation (APF). En el seno de la APF se crearon cuatro grupos especializados –task forces— para llevar a cabo el estudios de mecanismos intervencionistas: uno de los demócratas, uno de los republicanos, uno de la Cámara de Comercio de EE UU y uno de la gran confederación sindical estadounidense AFL-CIO. El trabajo conjunto recibió el nombre de Democacy Program y basaron su trabajo en experiencias de fundaciones occidentales financiadas con fondos públicos: la Fundación Friedrich Ebert, del Partido Socialdemócrata (SPD); y la Fundación Konrad Adenauer, del Partido Cristianodemócrata (CDU/CSU).
Una de las operaciones desarrolladas por la Fundación Friedrich Ebert demuestra el alto grado de efectividad que pueden alcanzar. En 1974, después de 50 años en el poder, el régimen fascista de Portugal (país miembro de la OTAN ) fue derrocado, y un puñado de oficiales militares comunistas y de izquierda se hicieron cargo del gobierno. En ese momento, el número de socialdemócratas portugueses no podían armar un equipo de basketball, y vivían todos en París sin ninguna base popular en Portugal. Gracias a no menos de diez millones de dólares provenientes de la Fundación Friedrich Ebert, además de otros fondos de la CIA , los socialdemócratas regresaron a Portugal, y de forma similar a los grupos que apoyaron recientemente al obispo Fernando Lugo, se crearon partidos de la noche a la mañana, crecieron como hongos y en pocos años la socialdemocracia gobernaba Portugal. La izquierda, en plena confusión, se vio relegada a un segundo plano.
Durante los años 80, la NED y la CIA , en operación conjunta con el Vaticano, mantuvieron vivo el sindicato Solidarnosc en Polonia, evidenciando que ya para entonces contaban con aliados en la iglesia católica. El programa fue aprobado conjuntamente por Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II con ocasión de la visita de Reagan al Vaticano en junio de 1982. Todo tipo de recursos fueron facilitandos facilitando un éxito tan grande que entusiasmado, el halcón Jesse Helms presentó un proyecto de ley para una dotación de 100 millones de dólares con el fin de reproducir en Cuba –dijo— los éxitos de la CIA , la NED y el Vaticano en Polonia.
Los fondos de la NED eran visiblemente privados, solo la CIA tenía el personal y las técnicas necesarias para llevar a cabo un discreto control a fin de evitar comprometer a los receptores en la sociedad civil, especialmente cuando se hallaban en la oposición a sus gobiernos, y verificar que cumplan sus respectivas misiones.
Para sus recientes operaciones en Paraguay apelaron a un verdadero especialista, el mismo personaje al que en septiembre de 2002 asignaron como Jefe de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana. Agee describe a nuestro hombre, James Cason, como "un diplomático de carrera del Departamento de Estado que ha servido sobre todo en países latinoamericanos; no parece amenazante al verlo, su cara rotunda es sólo un poco demasiado inflada, su papada lo hace parecerse a un cerdo Porky de algo más de 50 años de edad, con amplias gafas redondas sobre sus ojos semi-cerrados".
Pero basta saber que está apadrinado por Otto Reich, un recalcitrante cubano-americano de Miami para ponerse a temblar. Del mismo modo que Cason se abatió sobre La Habana como un Gangbusters, ordenó en Paraguay doblar las campanas por el partido colorado, viejo aliado del imperio en tiempos del Big Stick caído en desgracia ante sus viejos amos.
Para corroborar que la alternancia del poder en Paraguay fue una operación fuertemente apoyada por el complejo IAF-NED-USAID derivado de la CIA, basta ver a quiénes puso en el poder: a una caterva de socialdemócratas financiados desde hace mucho tiempo por la embajada norteamericana de Asunción.
En el sitio web http://www.financiamientopolitico.org.py/V2/integrantes puede verse una nómina parcial de ellos, todos soportes del obispo de los pobres y teólogo de la liberación Fernando Lugo. También se puede corroborar en el sitio el auspicio que reciben de USAID.
Como es sabido, no sólo los complejos militares-industriales norteamericanos, británicos e israelíes se beneficiaron de la matanza irano-irakí, también socialdemocrátas franceses (misiles Exocet y cazas Mirage) y socialdemócratas alemanes (básicamente tecnología química para la fabricación de gas mostaza y gas nervioso).
Cae de maduro que lo que hoy el imperio busca , incrustando a personajes como Bachelet, Tabaré Vazquez, Lula o el obispo Fernando Lugo, es implantar en Latinoamérica una socialdemocracia preventiva, que pueda manejar a su antojo como un dócil satélite de Washington, alejando la enfermedad del antiimperialismo.
Ayer convocaban para contener la infección a los generales, hoy a la socialdemocracia. Palabras aparte, los nuevos fantoches del imperio son un grupo de "moderados" al estilo de las socialdemocracias de Francia y Alemania, enriquecidas con las matanzas de medio oriente y socias menores en las masacres orquestadas por el imperio en Afganistán y Bagdad. Una verdadera socialdemocracia a la medida de George W. Bush.

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