DARIO VIVE: PORTAL LATINOAMERICANO DE CRITICA SOCIAL Y PENSAMIENTO PLEBEYO
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Notas sobre la risa, la militancia
Mariano Pacheco*
“Con conocimientos biológicos y científicos, ¿qué sabemos del amor y de su misterio? ¿Qué sabemos de la alegría?”
Jean Luc Godard, en Yo te saludo María (Pequeñas notas acerca de la película)
“… que la belleza redima tanta desgracia y la ética de las pasiones alegres se instale como único mandato de nuestras conductas sociales”
Vicente Zito Lema, en La pasión del piquetero
Dos veces junio. Si bien, y cada vez más, abomino de las efemérides, reconozco que hay algo en tod@s nosotr@as que hace que prestemos más atención a ciertos temas según el calendario. Hecha la aclaración, demos paso a este momento introductorio del texto. Dos veces junio. Día, catorce. Año, 1928: nace en Rosario Ernesto Guevara. Día, 26. Año, 2002: Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, son asesinados en la denominada “Masacre de Avellaneda ”. Darío y el Che; la risa y la miltancia. Tales los temas de este breve ensayo, que se contruyó en la búsqueda por gestar un diálogo sobre la actualidad de ciertas problemáticas y discusiones. En este sentido, las alusiones a estas figuras, pero también a experiencias como la de los zapatistas en México (o nuestras propias prácticas en Argentina); al igual que las referencias al cine, la literatura, la filosofía. Así que empecemos. Tratemos de hacer entonces, de estas líneas, un “anti-efemérides”.
Una poética, un film. En 1986, el director Jean-Jacques Annaud, adapta para el cine la internacionalmente conocida novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa. Podríamos utilizar como referencia al libro y no al film, pero no lo haremos, porque es éste el momento cinematográfico del texto.Una de las claves de El nombre de la rosa es el acto de la lectura y su vínculo con el crimen. En el film, quien lee un enigmático libro, ríe… Pero alguien (el venerado Jorge de Burgos, el “ciego”, representado por Feodor Chaliapin hijo) ha envenenado sus hojas. Por eso, quien lee, también chupa sus dedos para pasar a la próxima página. Y en determinado momento, entre risas y ansiedades que lo colman y lo atraen, cae sobre el pupitre. Así, misteriosamente para todos los habitantes del convento, las muertes se suceden. Primero Adelmo, quien, suponen, se suicidó. Luego Venantius, el traductor griego especializado en Aristóteles. Todo el fundamento de la película se sostiene en la ficcionalización de una suposición histórica: la existencia del Libro II de la Poética de Aristóteles. Es que el propio filósofo ha dejado la puerta abierta (dicen que los filósofos son un poco distraídos). En el libro I (capítulo V), este muchacho hizo una afirmación poco feliz. Escribió de la comedia: “imitación de personas de baja estofa, pero no de cualquier defecto, sino que lo cómico es una parte de lo feo”. No dice allí mucho más que eso. Piensa desarrollarlo más adelante, en otro momento. Así, en el capitulo siguiente, nos deja la pelota picando: “de la comedia hablaremos más adelante” . Con la puerta entornada, entonces, podemos entrar al campo de la especulación.A partir de estos elementos, ya podemos introducir en escena a William Baskerville (Sean Connery), el franciscano enviado al monasterio benedictino para investigar las muertes. En determinado momento del film, William queda perplejo frente a los dibujos de un libro del finado traductor. Observa detenidamente: un burro enseña las escrituras. El Papa, un zorro; el Abad, un mono. Es el momento en el que llega el ciego y, como en un duelo de titanes, comienza un diálogo imperdible con el franciscano.
Una polémica cinematográfica. Enojado, el venerado Jorge dice: “… oí gente reírse de cosas cómicas. Aunque ustedes, franciscanos, pertenecen a una Orden en la que la diversión es mirada con indulgencia”. William responde: “Si, es cierto, San Francisco se inclinaba mucho a la risa”. Ambos parecen reafirmarse en sus posiciones con cada frase del otro. Entran en una disputa discursiva que todos observan con atención. Veamos entonces, aunque sea extensa, como continúa:
Ciego: “La risa es una vanidad diabólica que deforma rasgos del rostro y da a los hombres la apariencia de monos”.
William: “Los monos no ríen. La risa es típica del hombre”.
C: “Como el pecado. Cristo jamás rió”.
W: “¿Podemos estar seguros?
C: “Nada en la Biblia prueba que lo hizo”.
W: “Y no hay nada que pruebe que no lo hizo. Hasta los santos utilizaban la comedia para ridiculizar a los enemigos de la fe. Por ejemplo, cuando los peregrinos metieron a San Maurais en agua hirviendo, protestó [diciendo] que estaba demasiado fría”.
C: “Un santo sumergido en agua hirviendo no hace travesuras. Reprime sus gritos y sufre la verdad”.
W: “Y hasta Aristóteles dedicó su Libro II de Poética a la comedia como instrumento de Verdad”.
C: “¿Ha leído esa obra?”.
W: “No, está perdida hace siglos”.
C: “No, no lo está. Jamás fue escrita porque la Providencia no quiere que se glorifiquen cosas fútiles”.
W: “Debo discutir eso”.
C: “¡Basta! Esta abadía está ensombrecida por la pena y ustedes perturban nuestra tristeza con odiosa burla”.
Hay muchas líneas interesantes que van surgiendo del film. Pero nos concentraremos aquí sólo en lo esbozado hasta ahora: el misterioso libro, la risa.
Del debate al duelo. La Inquisición llega al lugar justo en el momento en que William se encuentra a punto de descular el “misterio”. Bernardo Gui (F. Murray Abraham), quien en el pasado ha acusado a William de hereje, le prohíbe continuar investigando. La palabra inquisidora es irrefutable. Sin embargo, nuestro franciscano no se resigna. Es un religioso muy particular. Afirma, al descubrir fascinado el laberinto-biblioteca del interior de la torre, que todos deberían tener acceso a los libros, por más que ellos contengan una sabiduría diferente. Por más que “pongan en duda la infalibilidad de Dios”.
Paralelamente, la Inquisición condena a unos herejes. Todo parece estar resuelto. El ciego da un discurso. “Volvemos a lo que hoy debería ser el oficio de esta abadía: la preservación del conocimiento. Preservación y no búsqueda, pues no hay progreso en la historia del conocimiento, sólo una continua y sublime recapitulación”. Más claro… agua bendita. Pero en el momento en que el círculo está por cerrarse, otra muerte hace tambalear el “proceso de pacificación”. El finado es uno de los hombres del ciego, quien ha robado el libro por su encargo. Por supuesto, Gui, “el Inquisidor”, acusa a William de ser el asesino.Llegamos aquí al momento culmine. William y el ciego se encuentran en la biblioteca-laberinto. El segundo le da el libro al primero, quien lee asombrado. Pícaro, el ciego espera que el franciscano caiga envenenado. Pero este tiene puesto un guante. Al darse cuenta, el venerado Jorge le arrebata el libro y corre. El otro lo sigue. Entran en una nueva batalla discursiva. Esta vez la disputa se transforma en duelo: el destino de uno de los dos será la muerte.
William: “¿Qué tiene de mala la risa?”
Ciego: “La risa mata el temor y sin temor no puede haber fe. Pues sin temor al demonio, ya no hay necesidad de Dios”.
W: “Pero no eliminará la risa eliminando ese libro”.
C: “Claro que no. La risa seguirá siendo recreación del hombre vulgar. ¿Pero que pasaría si por este libro los eruditos permitieran reírse de todo? ¿Podemos reírnos de Dios? El mundo caería en el caos”.
El ciego se come el libro II de la Poética de Aristóteles. Al igual que el santo reprime sus gritos y sufre la verdad. Una lámpara cae de sus manos. La biblioteca se incendia. El venerado se inmola. William se encuentra en una disyuntiva: la posibilidad de escapar implica dejar que todos los libros se incendien. Intenta irse pero no puede: a cada paso recoge dos, tres, cuatro libros. Los que puede. Hay pasiones que conducen a la muerte. Pero no en este caso. El film termina bien.
A fotografiarse. Por la inmensa cantidad de fotografías que han dejado, se nota que tanto Guevara como Santillán tenían cierta pasión por la fotografía. Que les gustaba ese juego de posar, para que ese instrumento por excelencia de la era de la reproductibilidad técnica, lograra capturar ese instante en una imagen. En el caso de Darío debemos destacar, además, que le gustaba tomarse fotos parecidas a las que se había sacado el Che. Y también que algo del comandante apareciera en la foto (como ésa en la que está junto a Carlos “Perro” Santillán, luciendo una remera del Che; o ésa otra, sentado junto a sus compañeros de militancia en la plaza que está al lado del Hospital de Solano, con el mural de Guevara de fondo). O ambas cosas: salir con algo del Che en una foto similar a una que se haya sacado Guevara. Hay varias, de hecho, que son iguales: Darío trabajando en la bloquera del barrio La Fe, de Monte Chingolo, por ejemplo; o ésa en la que está llevando una carretilla. Otra, en su casa del barrio Don Orione, en Claypole, en la que está recostado sobre su cama, leyendo, con un póster del Che atrás. Es muy similar a una en la que Guevara lee, recostado, un libro de Goethe.De todos modos, en este momento fotográfico, quisiera destacar dos imágenes en las que ambos aparecen riendo. Porque sospecho que son fotografías que nos devuelven de ellos una imagen más vital, más entusiasta. Claro que se podrían tomar otras, seguramente más funcionales a realizar un juego de palabras tal como “morir para vivir” o cosas por el estilo. La fecha se presta. Un nacimiento y una muerte. Pero cabe resaltar aquí una coincidencia con Osvaldo Lamborghini, quien alguna vez remarcó que había que terminar de una buena vez con toda esa sanata de “la cultura sacrificial de la izquierda liberal”. Con toda esa “cosa llorona, bolche, quejosa, de lamentarse ”, dijo, en relación al hastío que todo eso le provocaba (nada tiene que ver esto –claro está- con la lucha por justicia; con la exigencia de castigo, ya no sólo de los responsables materiales, sino también intelectuales de los asesinatos de Darío y Maxi ).Guevara ríe. Luce su uniforme y su boina. Sabemos que descansaba poco y trabajaba mucho. Que asumía múltiples tareas: de trabajo intelectual y manual; de combate y diplomacias; que promovía el trabajo voluntario, que hacía del predicar con el ejemplo un lema inclaudicable. Y sin embargo, a pesar de todo eso (y de su asma), lleva una sonrisa en el rostro.Darío, con los brazos abiertos y luciendo una remera de Hermética, camina junto a sus compañeros. Todos tienen entre 15 y 18 años. Es del año 1998; 1999 tal vez. Sobre la Calle 844, en Solano, a media cuadra del colegio donde estudiaba (El Piedrabuena), puede verse un humo de neumáticos encendidos. La Coordinadora de Estudiantes Secundarios protagonizó en esos días una serie de medidas de lucha en la zona. Entre ellas, la toma del Colegio de la otra cuadra (La Técnica 3). Hacia allí va Darío, marchando junto a otros estudiantes, con una amplia sonrisa sobre su rostro. Paréntesis: Resulta más difícil hablar de Guevara que de Santillán. No es para menos: cuando el primero murió, ni siquiera había nacido. Con Darío es distinto. Las dificultades son de otro tipo. No siempre el conocimento directo de una persona posibilita, luego de su muerte, traer ante nosotros su recuerdo con mayor facilidad. Pero hagamos un intento.Darío era un tipo (un muchacho, insistamos, ya que fue asesinado apenas comenzaba a transitar la experiencia de los “veintipico”), como todos creo, contradictorio. Consecuente, muchas veces testarudo. Sensible, perceptivo y también un poco hosco, cabrón. Sin embargo, tenía algunas “actividades” a las que nunca renunció (creo que ni se le pasó jamás por la cabeza abandonarlas). Una de ellas era juntarse a morfar azado con su viejo (a quien adoraba, fanáticamente) y sus hermanos. Tomar cerveza hasta el anochecer. Emborracharse hasta llegar a su casa y acostarse a dormir. Unas borracheras que privilegiaban la conversa, el compartir esos momentos de osio, de goce por el encuentro con los otros, con los cercanos, con los seres por quienes tenemos lata estima, afectos.
Disfrute y luche. Desde hace ya tiempo, El Colectivo de cultura y acción popular Libres del Sur , de Avellaneda, tiene este lema pintado sobre una bandera naranja, con la cual nos topamos apenas entramos al lugar. Esta consigna siempre está allí, presente en medio de las actividades. No importa que éstas sean charlas o peñas; recitados de poesía o talleres de formación; reuniones de agrupaciones políticas o festivales… Porque en Libres se cruzan las actividades festivas con las otras, con las “serias”. Porque por allí han circulado tanto escritores como bandas de rock. Se han organizado tanto fiestas como homenajes: al Che Guevara, a Kosteki y Santillán.A propósito del tema, una anécdota. En junio de 2007, con motivo del recordatorio, del homenaje o como se le quiera llamar a ese momento tan particular que implica la reivindicación de aquellos que ya no están entre nosotros, la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, realizó un acto por los cinco años de la Masacre de Avellaneda. Un grupo de estudiantes de la Facultad rescató esa foto mencionada anteriormente, en la que Darío está con los brazos abiertos, riendo. La imagen fue estampada en un afiche, junto con la consigna: “Nosotros luchamos y reímos... Ellos matan”. Esa consigna, que reivindica la voluntad de batallar y denuncia los crímenes políticos perpetrados desde el Estado, se corre, sin embargo, del horrendo lugar de víctimas en el que muchas veces se suele colocar la izquierda. Por eso la citamos.Luego de la charla, del debate, el grupo musical Contraviento convidó a los asistentes con sus canciones, mientras se repartían vasos con vino tinto y se levantaban los afiches mencionados como estandartes (cabe rescatar aquí las palabras del poema de Raúl González Tuñón, Escrito sobre una mesa de Montparnasse: “Anduve bebiendo el buen vino rojo y alegre como una canción, rojo y alegre como una revolución”). Se dijo entonces que, en determinado momento, un sector del movimiento piquetero había desvirtuado –con prácticas de aparato- aquello que había surgido desde abajo. Diverso, desprolijo, auténticamente plebeyo. Y desde ese momento, aquella invención política comenzó, paulatinamente, a ser presentada ante las grandes masas de la población como algo prolijamente delimitado, encuadrado en estructuras homogéneas, cada una con sus colores, sus chaquetas, sus pañuelos... “Faltaba que se pongan un bonete”, dijeron, ridiculizando aquellas prácticas. “Pero nosotros somos aun más payasos”, insistieron, “y por eso hoy, elegimos ponernos esta nariz”. Fue entonces cuando, junto con el vino y los tambores de Contraviento, unas narices coloradas y maracas de distintos colores se repartieron entre los asistentes. ¡Debemos reconocer que la intervención desconcertó a gran parte de los asistentes!En fin, es evidente que por estos lugares circula una palabra similar a la que transita por varios bares de Euskal Herria, donde la militancia suele afirmar: “Lucha sí, risa también”. Esta consigna esgrimida en el País Vasco, debemos reconocer, coincide bastante con la conocida frase pronunciada por un escritor argentino: “Sin risa no hay revolución”. ¡Lo bien que hacía Julio Cortázar en desconfiar de los revolucionarios de caras largas!
Cartas. Desde que se alzaron en armas, el primero de enero de 1994, los zapatistas se mostraron muy interesados en compartir su experiencia. Buscaron tender puentes entre las montañas del sureste mexicano y el resto del país, pero por sobre todo, con el resto del mundo. Desde entonces y hasta ahora, nos han brindado la oportunidad de repensar nuestras prácticas a la luz (y a las sombras) de la de ellos. Por eso es que en todos estos años hemos estamos atentos a escuchar y leer la palabra de aquellas mujeres y hombres que nos cuentan de sus triunfos, pero también de sus fracasos. Que no nos venden buzones, sino que comparten sus certezas y sus dudas; sus angustias y alegrías. Tal vez el Sub-comandante insurgente Marcos no ha escuchado mucho rock argentino. Nosotros sí y por eso nos hacemos eco de las palabras de Nunca quise, la canción de Intoxicados: “Tu sangre es roja, la mía también, pero no me equivoco, algo tendremos que ver. Somos indios latinos con guitarra eléctrica y comunicados a través de Internet”. Porque tenemos que reconocer que la web juega un rol muy importante a la hora de sentirnos cerca de los insurgentes indígenas; y no sólo hermanados, sino también informados. Nos permite, digámoslo así, mantenernos al tanto. Enterarnos, por ejemplo, como ellos viven y entienden la alegría, que al fin y al cabo es nuestro tema. Pasemos entonces a un ejemplo que grafique este Momento Zapatista. En abril de 1999 envían al Señor Mumia una carta. Para saludarlo, para decirle ¡feliz cumpleaños!. “No tenemos mucho para darle como regalo de aniversario”, le escriben, “es pobre y pequeño, pero todos nosotros le enviamos un abrazo”. Le dicen que esperaran verlo en cuando logre salir en libertad. “Entonces le daremos una fiesta de aniversario, incluso si no es 24 de abril”, insisten, “será una fiesta de no-cumpleaños. Habrá músicos, baile y charla, que son los medios por los cuales los hombres y las mujeres de todos los colores se entienden y se conocen, y construyen puentes sobre los que caminan juntos, hacia la historia, hacia el mañana”.
Apostillas. “Y así uno puede reírse, y cree que no está hablando en serio, pero sí se está hablando en serio, la risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra...". Julio Cortázar, en Rayuela (Novela)/ “Mi anhelo de risa me devora… ¡Un transfigurado, iluminado, que reía! ¡Nunca antes en la tierra había reído hombre alguno como él rio!...” F.Nietzsche, en Así habló Zaratustra (Ensayo)/ / “El colonizado sabe todo eso [lo que el colono, empleando un lenguaje zoológico, dice de él] y ríe cada vez que se descubre como animal en las palabras del otro. Porque sabe que no es un animal”. Franz Fanon, en Los condenados de la tierra (Ensayo)/ “Si nosotros no nos divertimos nos van a ganar siempre”. Leandro Albani, en En el barro (Cuentos).Apostilla: “anotación que completa, aclara, interpreta un texto”. Tal la definición que el diccionario nos da sobre el término. Hubo momentos en que tanto literatos, como ensayistas y poetas, se vieron deslumbrados por los procedimientos cinematográficos. El montaje, por ejemplo, es algo que despertó en tipos como Walter Benjamin la fascinación por la idea de que, juntando distintos fragmentos, el lector podría armarse una interpretación propia, distinta a la de otro que leyera el mismo collage de frases. Tal vez podríamos agregar, en el mismo sentido, que juntar citas, hacer ese recorte de un fragmento para juntarlo con otros fragmentos, produce un “desarreglo” de los textos originales. Someter los modelos, entonces, a una especie de desajuste, de forma tal que desquiciemos al original, adosándole nuestra experiencia, nuestras inquietudes, preguntas, problemáticas, según nos sugiere Liliana Herrero en Legados. Caminos, cantos y mareas . Porque como insiste esta autora, “el placer del comentador consiste en crear algo inaudito”.
De Macedonio a Capusotto. Quisiera rescatar, en este momento de humor argento, a la figura de Macedonio Fernández, quien, hace ya tiempo, escribió Para una teoría de la humorística. Macedonio realiza un recorrido por las teorías de distintos pensadores. Se mete con el chiste en Freud y la risa en Bergson, por ejemplo. Este texto nació, debemos reconocerlo, con la intención de constituirse en un “breve ensayo sobre la risa”. Retomar las teorías de Macedonio, pasar por los clásicos, releerlos desde hoy. Tal vez porque la propuesta era un poco ambiciosa. Quizá porque se alejaba de problemáticas que aquí se plantean con fuerza, es que rápidamente este trabajo giró al carácter actual: notas, apuntes, digresiones sobre la risa, la militancia.Y para entablar nuevos vínculos entre risa y política, recuperaremos una figura que, al menos desde una perspectiva generacional, se ha trasformado ya en un símbolo del humor argento. Un tipo que jodió con casi todo, incluyendo en el “casi todo” a la militancia también.Nos referimos, por supuesto, a Diego Capusotto. Alguien que ha logrado captar la atención de un importante sector social, sobre todo en la juventud. También el diario Barcelona, por supuesto, ha hecho lo suyo en estos años. ¿Cuántas veces nos hemos identificado con sus tapas, mucho más que con cualquier periódico de izquierda? ¿Será tal vez porque les preocupa poco tener una caracterización “políticamente correcta”? ¿Cuántos análisis políticos, relegados de los grandes medios, quedaron resumidos en sus inmensos titulares? Debemos reconocer que, quien entro de unos años quiera ir a los diarios para ver qué estaba sucediendo en el país, deberá acudir sin duda a Barcelona. Mucho más que al periodismo empresariales. Y muchísimo más, también, que a los contestatarios diarios de la izquierda vernácula.En cuanto a Capusotto, debemos rescatar que, a pesar de tener un programa semanal en Canal 7 (todos sabemos, en la era del cable, cuánta gente puede detenerse en ese canal); de competir, dentro de los canales de aire, con Tinelli y otros programas por el estilo; más allá de todo eso, los mails reenviando los links a sitios para poder ver su programa se multiplican. Cada vez son más los blogs que cuelgan extractos del programa. Las visitas en Youtube crecen a pasos agigantados. ¿Qué suena exagerado? Puede ser. Sin embargo, ya hay fiestas que en la ciudad de Buenos Aires que se organizan con el lema del baile del Mao-Mao. ¿Cuánto faltará para que agrupaciones políticas se lo apropien por completo, como en su momento tomaron a los Simpson? Porque es evidente el desplazamiento que se produjo en los últimos tiempos. Si se dio el paso de Mafalda a los Simpson, ¿por qué no darlo hacia Pomelo o Bombita Rodríguez? De hecho, ¿no fue Pomelo el personaje de rock elegido por la Revista Rolling Stone para el año 2007?Quizá por la cercanía, por la ironía que deja caer sobre nuestras propias prácticas, esa operación de apropiación se torne más dificultosa. Seguramente, para muchos “buró-políticos”, escenas como las del bar de izquierda “Acá sí que no se coje” (un lugar para escuchar una conferencia de Altamira y Patricia Walsh, y canciones de Silvio Rodríguez), podrá sonar como una “ofensa”. Pero también sabemos de la capacidad (¿oportunismo?) de adaptación que la paleoizquierda (para usar un término acuñado por un personaje no muy feliz de nuestro periodismo “proge” y “bien pensante”) aregenta.Para quienes no lo han visto (y para quienes, siendo ya habitués de Mister Capusotto y sus videos, también) hagamos un recorrido por este nuevo personaje: Bombita Rodríguez, el Palito Ortega Montonero.Fue durante mayo de 2008 que apareció el baile del Mao-Mao, “que no se baila al tun-tun” y “que se hizo en homenaje al gran mao-mao-tse-tung”. Dice la canción: “Vamos chicos a la pista, a bailar el mao-mao, de la china comunista. Con el brazo en alto vamos a vencer, con el pie piso la cabeza de un burgués. La mano en el fusil ya está lista, para terminar con el yanqui imperialista”. Podría sonar a humor “macartista”, pero no. En un momento del programa, una niña, al llegar del colegio, le cuenta a su madre que las monjas le hicieron escuchar el tema. Pregunta si está bien. La madre responde que sí, porque Bombita “es un soldado del pueblo y de Perón”. “Ah, entonces”, dice la niña, “¡viva Perón!”.
Un cantante bolche-peroncho. El linaje de Bombita Rodríguez es bien revolucionario: de Evelyn Tacuara, su madre -vedette del nacionalismo católico argentino- heredó la pasión por la música. De Gunkel “Cacho” Abramov, su padre, heredó en cambio su pasión por las masas. Ella, una mujer que triunfó en el teatro de revistas con la obra Picardías en sotana. Humor y minas en pelotas bajo la doctrina de una iglesia pre-conciliar. Él (a quien apodaban “el payaso Barricada”), un hombre reconocido en el ambiente por ser el más prestigiado “clown” del troskismo argentino. Participaba de un trío de humoristas, Los Tres tristes troskos, una escisión del cuarteto Cuatro tristes troskos, escindidos a su vez del quinteto Los cinco troskos del buen humor.Camperón de cuero negro; bigotes mostachos; pelo largo pero engominado, Bombita baila junto a una bella jovencita, y canta: “contra el imperio y la puta oligarquía que a nuestro pueblo oprimió. La lucha armada, la lucha armada, es nuestro amor. La lucha armada y el socialismo llegarán junto a Perón”. El romance con Cecilia Azurduy (a quien canta: “Yo te amaré, te seguiré a todas partes, porque soy un militante de nuestra liberación”), es uno de los momentos más altos de esta historia. A Cecilia, la actriz de Jacinta de Luxemburgo, la maestra del tercer mundo, la conoció filmando Las aventuras del Montonero invisible y Montoneros contra los burócratas sindicales del espacio, film que “reventó los cines de la calle Lavalle”. Sin embargo, los nombres de las comedias que lo hicieron triunfar en el cine son: Amor y frente de masas; Me gustan tus ojos y tu pensamiento leninista; Que linda es mi familia y lástima que sean unos burgueses sin conciencia nacional. Bombita (hoy exiliado en Cuba) ha sido el artista capaz de combinar “la canción berreta, populachera y pegadiza, con letras que alentaban la revolución en Argentina”. Según nos cuentan, su 1° LP, Ritmo, amor y materialismo dialéctico, contenía una canción que fue furor: “Tu papá no me quiere, es un cerdo capitalista, pero yo quiero casarme con vos y luchar por la patria socialista; pero yo quiero casarme con vos y andar juntos por la senda guevarista... ¡Armas para el pueblo! ¡Armas para el pueblo! ¡Armas para el pueblo ya!”. Letras de sus canciones iban en consonancia con su búsqueda por gestar un socialismo nacional, bailable y para toda la flia, según proclamó en un comunicado del año 1971. “El sol del domingo ya salió, toda la familia a pasear, quiero armar con vos una molotov y a la oligarquía expropiar”, canta en una parte. Y en otra: “Marchemos junto al pueblo, nuestro amor es patria o muerte. La clase obrera es lo mejor, burgueses, ¡atrás, atrás!”.
Un tiempo antes de ver a Capusotto, había escuchado una canción de Cumpas del barrio, un conjunto musical conformado por jóvenes integrantes del MTD-Capital: con el ritmo de “la canción del estudiante”, de Pipo Cipolatti, cantaban: “Es el militante, el militante de verdad, es el militante, el ejemplo universal...”. No recuerdo en este momento la letra con exactitud, pero decía algo así como “el que va a la Mesa y a las reuniones de formación... con orgullo y con pasión, te cantamos esta canción...”. Una sátira del modelo de militancia que los propios integrantes de la banda gestaron. En algunos casos, son ellos mismos quienes van a esas reuniones y a esos encuentros de formación. La risa sobre las propias prácticas. Como en Capusotto. Quien, por lo que se sabe, tiene sus simpatías por la JP de los 70 y, sin embargo, es capaz de crear personajes como El Palito Ortega Montonero. Parodia y homenaje. Como en Cumpas del barrio, quienes finalizan “la canción del militante” con la frase: “... y el ejemplo de Darío Santillán”.
De tíos a sobrinos. Así definieron los formalistas rusos la relación de transmisión literaria entre generaciones. Otra vez podemos traer ante nosotros los vínculos “saludables” entre literatura y política. Algo de todo esto, de la relación entre Guevara y la nueva izquierda autónoma, de la literatura y la política, al menos, ya se ha planteado en un trabajo anterior: “El Che y la literatura” . Sin embargo, insistamos un poco con estos vínculos.Quisiera rescatar, en este breve momento tensiones, las palabras de Italo Calvino en relación a los textos clásicos: “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Y agrega: “Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo”. Pensemos a la categoría de “clásicos”, ya no sólo como textos, sino también como experiencias: así como Guevara se nos presenta como símbolo de las políticas revolucionarias latinoamericanas de hace cuatro décadas; como bandera que lograba sintetizar ideas, prácticas y deseos de todo un sector de la juventud, hoy, Darío Santillán –para muchos de nosotros- es la figura que, en la Argentina post 2001, oficia como imagen-síntesis de una práctica radical actual y su proyecciones, que no son más que nuestras apuestas futuras.Realizado ya el “parricidio”, no podemos mantenernos, de todas formas, de espaldas al pasado. Que lo pretérito (sean textos, experiencias, personalidades) no se nos imponga como autoridad, es un desafío. Recuperar el pasado como legado y no como tradición, tal vez, es nuestra apuesta.
Momento, momentos. Para concluir este texto, deberíamos decir, en primer lugar, que hemos hecho todo lo posible por trabajar desde una posición anti-efemérides. Como habrán notado, el devanir por referencias que van del cine a la fotografía, de la literatura a la política, incluso de la televisión a internet, fueron en función de poner sobre la mesa un tema específico: la risa, la alegría; las posibilidades de sonrisas en la militancia.La posición anti-efemérides nada tiene que ver con la negación de las historias que nos anteceden, y de las que nos sentimos parte. Mucho menos con negar la importancia de la reivindicación de aquellos que han ido cayendo (o los han hecho caer) en el camino. Es cierto que el equilibrio (el término es realmente horrible, pero a falta de otro mejor, dejaremos éste) es bastante difícil de lograr. ¿Cómo hacer para no caer en la posición –sugerida alguna vez John Holloway- de conducir nuestro carro, nuestro arado, sobre los huesos de nuestros muertos, a la vez que impedimos –como señaló Marx- que las generaciones muertas opriman, como en una pesadilla, los cerebros de quienes estamos vivos?Hemos intentado en estas líneas, lograr algún tipo de articulación entre el presente y el pasado; buscando en éste una inspiración, rehuyendo de la tradición como reclamo. Porque a nosotros también nos roza, como Walter Benjamin señaló en sus Tesis sobre el Concepto de Historia, “una ráfaga del aire que envolvía a los de antes” (Tesis II). Por eso insistimos en la apuesta por resignificar las ideas y prácticas pretéritas, y no pensarnos que descubrimos la pólvora; que nacimos de un repollo. Y si bien hemos comprobado que “ni los muertos estarán a salvo, si el enemigo vence; y este no ha dejado de vencer” (Tesis VI), también hemos asistido en el último tiempo a una especie de “políticas del homenajismo”. Hemos visto como se han multiplicado las actividades que grupos, grupitos y grupetes, han realizado en homenaje a los distintos aniversarios: del golpe de Estado del 24 de marzo; del día de los trabajadores; del mayo francés; del mayo argentino (El Cordobazo); del nacimiento de Guevara… todas fechas por demás rescatables, claro está. Pero el “homenajismo” conlleva, debemos reconocerlo también, un riesgo grande: puede anular nuestras capacidades creativas.Si para este 25 y 26 de junio, como se viene haciendo (y a veces desde principios de mes) desde hace ya seis años, se organizan distintas actividades políticas y culturales en torno a la Estación de trenes (Darío y Maxi, Ex Avellaneda), es en función de acompañar, a través de actos de rememoración, una dinámica que es cotidiana. Una política que en su momento, tanto Kosteki como Santillán (sobre todo Darío), inspirados por generaciones anteriores (sobre todo por figuras como la de Guevara y los militantes de los 70), llevaron adelante también cotidianamente, y no sólo interviniendo en estallidos como los del 19/20 de dicembre de 2001, o los bloqueos a los accesos a la Capital Federal llevados adelante por organizaciones del denominado Movimiento Piquetero. Ya lo hemos dicho en otros trabajos : nuestro foco está puesto en el proyecto (colectivo) por el cual tant@s compañer@s han perdido (o les han arrebatado) su existencia (esa singularidad única e irrepetible), y no por el acto mismo de morir. En fin, se trata de rescatar las prácticas de la autonomía desde su capacidad cotidiana de gestar nuevas posibilidades, forzando situaciones, desbordando lo que se nos presenta como lo “real-posible”.La autonomía como una especie de contradanza que, tozudamente, se plantee hacer las cosas de otro modo; gestando autoorganización de base, capaz de sostenerse en los principios de solidaridad, de igualdad, de justicia. No como enunciados-promesa. Tampoco como movimiento reactivo (contra la injusticia, la desigualdad, el “pulpo capitalista” y sus “tentáculos” feroces), sino como invención crítica sobre una realidad que nos sujeta (sobre la cual no hace falta denunciar demasiado, o correremos el riesgo de aburrirnos, de tanto escucharnos repetir la misma cháchara: lo malo, feo y sucio que es el capitalismo; lo buenos, lindos y bellos que somos nosotros). Principios que nos proponemos ejercer diariamente y no “metas futuras”, a conquistar alguna vez, como no se cansa de señalar Raúl Cerdeiras.En fin, la autonomía como búsqueda, como compromiso: de hacer las cosas desde otra perspectiva a la que nos acostumbra el automatismo de la vida cotidiana y muchas de sus variables de “oposición”. Todas ellas muy abnegadas, por cierto. ¡Y muy serias!Y es aquí donde volvemos, nuevamente, a nuestro tema. Porque hay interrogantes que se nos presentan con crudeza y a los cuales ya no les podemos rehusar: ¿Por qué compartir con ellos (la burguesía, la clase dominante, como quieran llamarlo), conductas, parámetros de comportamiento que nos sofocan? ¿Por qué no tirar por la borda, desde la izquierda, todos esos valores: todo ese afán sacrificial, aburrido, estereotipado del “buen marxista”? ¿Quién dice que eso garantiza un análisis político más elaborado? ¿O mayor comprensión de la realidad y capacidad de denuncia ? ¿O mayor…?¿Y qué tal si las figuras que nos hemos construido -Karl Marx resulta paradigmático- no se condicen con lo que eran? Tomemos como ejemplo a Marx. A esa imagen que nos hemos venido trasmitiendo, de generación en generación, a través de la misma fotografía. Porque a esta altura no podemos negar ni ocultar el portarretrato que todos (buenos marxistas, hechos e izquierdos que somos, o que pretendemos ser) tenemos –o bien pensamos tener alguna vez- donde el barbudo aparece tan serio. ¡Marx, un tipo que realmente sabía de ironía y de su eficacia política! Rescatemos entonces, contra la solemnidad y el abatimiento, otra imagen de Marx. Y a través de él, de la militancia. Rescatemos algunas de las risas rebeldes, contestatarias, revolucionarias que, como esas voces benjaminianas, nos resuenan del eco de otras gargantas que dejaron de sonar.Porque no es el dolor, la situación de explotación/ dominación/ alienación la que nos junta. O no solamente. Lo que nos junta es la voluntad de hacer las cosas de otro modo, una indignación compartida ante las injusticias, cierta camaradería, y otras tantas cosas más. “No solamente el dolor, también la pasión por juntarse nomás. La reunión como posibilidad de beber, comer, fumar, reír, jugar, cantar, bailar y conversar entre todos”, nos dice Esteban Rodríguez en su libroVida lumpen, Bestiario de la multitud. Cerca, muy cerca de Bombita, este Rodríguez que es platense y no porteño, nos dice que en sus comienzos, los proletarios no eran tan disciplinados y solemnes como se nos han presentado en la historiografía marxista. Aunque osada, su hipótesis de que la taberna fue tan importante como la fábrica, en la constitución de la identidad proletaria, es compartida y revindicada en estas líneas, que se fueron construyendo en una sintonía similar. Porque si en la taberna, los proletarios sientieron la alegría de saberse formando parte de algo más grande, fue precisamente porque “la gastronomía y la danza se confunden con el juego y a veces con el sexo”. Lejos, muy lejos del bar de Capusotto (“Acá si que no se coje”). Cerca, muy cerca, de entender a la política (a la autonomía, nos empecinamos en decir, más allá del contexto boliviano) como una invención; como una contradanza de la vida cotidiana.
Durante el período 2000-2003, fui parte del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón en Almirante Brown. Actualmente participo del Frente Popular Darío Santillán. Estoy estudiando Letras en la UBA. Integro el consejo de redacción de la Revista Herramienta y colaboro con los sitios web Prensa De Frente, Portal Darío Vive y Agencia Nodo sur. Publiqué Del piquete al movimiento. Parte I: De los orígenes al 20 de diciembre de 2001. La Parte II: De la insurrección de diciembre a la masacre de Avellaneda, se encuentraen prensa desde hace rato. Parte III: De la lucha social al poder popular, está en preparación. En 2007, junto con Esteban Rodríguez, escribimos un trabajo para la compilación de ensayos titulada Reflexiones sobre el poder popular, publicada por la Editorial El Colectivo. Otros artículos en: www.pacheco-nauseabundo.blogspot.com. Críticas o comentarios: marianopacheco9@hotmail.com.
Para consultas sobre la Masacre de Avellaneda, resulta indispensable la lectura del libro Darío y Maxi, dignidad piquetera, la Cobertura del juicio realizada por el Sitio Prensa De Frente (www.masacredeavellaneda.org), el video de Indymedia Argentina Piquete, Puente Pueyrredón y la película La crisis causó dos nuevas muertes.
Aristóteles, Poética, Alianza editorial, Madrid, 2004, pp.47.
El lugar del artista. Entrevista a Osvaldo Lamborghini.
Sobre la condena a las jefaturas policiales, consultar nuevamente: Cobertura del juicio, realizada por el Sitio Prensa De Frente.
Este grupo, surgido en 2001, nada tiene que ver con el Movimiento Libres del Sur, impulsado por la Corriente Patria Libre, actualmente Kirchneristas.
Mumia Abu-Jamal fue condenado por el asesinato del policía Daniel Faulkner, el 9 de diciembre de 1981.
Revista La Grieta N° 3, La Plata, Primavera de 1996, citado por Esteban Rodríguez en el libro Estética Cruda.
Cuadernos de La Nausea, N°1, Bs.As, octubre de 2007. Versión digital en el sector biblioteca del sitio www.prensadefrente.org
Darío Santillán y los caminos de la libertad (25/06/2007); Apuntes sobre heroísmo y vida cotidiana (24/11/2006); Muertos sin sepultura (22/06/2006), son otros artículos sobre la “Masacre de Avellaneda” y los asesinatos de Darío y Maxi publicados por el autor. Pueden consultarse en: www.prensadefrente.org.
7 jul 2008
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