
Una situación continental que preanuncia grandes confrontaciones entre las clases y estallidos revolucionariosLa enorme cobertura mediática que realizaron las cadenas televisivas de todo el mundo para cubrir el “show” montado por Chávez para recibir a los rehenes, convirtió al hecho en una ceremonia formal de reconocimiento - por parte del estado venezolano - del status de “fuerza beligerante” de las FARC.Todo esto, más allá de las intenciones de sus actores, transformó al acontecimiento en una acción ejemplificadora de carácter “subversivo”, violentando el principio burgués del monopolio estatal del uso de las armas, cuyas instituciones están organizadas para defender los intereses de las clases dominantes.Chávez se comportó como un “elefante dentro del bazar”, ya que para recuperar el prestigio perdido luego de la derrota en el plebiscito, legitimó - mediante el reconocimiento de la guerrilla colombiana - la posibilidad de que los trabajadores y los pueblos se organicen militarmente al margen y en contra del estado patronal.Todo esto obligó a los gobernantes de la región a salir al ruedo para apagar el fuego que encendió Chávez. Así lo hizo Álvaro Uribe, que invadió Ecuador y asesinó a Raúl Reyes, pero también los presidentes del grupo “Río”, que salieron a ponerle “paños fríos” a la crisis llevando los enfrentamientos al terreno de las discusiones diplomáticas.Sin embargo el asesinato de Reyes y el propio tono de las discusiones, provocaron una enorme reacción antiimperialista, que se expresó en un amplísimo repudio mundial hacia el gobierno derechista de Álvaro Uribe y en contra de la política de los EE.UU.Esta reacción es expresiva de la situación de extrema debilidad en la que se encuentra el imperialismo, que después del ataque a la base ecuatoriana de las FARC, quedó inhabilitado de organizar una ofensiva más intensa para contrarrestar los duros golpes que sufrió durante estos últimos días.El repudio internacional que provocó la violación de la soberanía territorial del Ecuador empalmó con otro repudio aún más importante, que está desarrollándose al interior de los EE.UU. en contra del gobierno de Bush y de su política antiobrera y guerrerista.La bronca del pueblo estadounidense se expresa - distorsionadamente - en los resultados de las internas del partido demócrata, donde un candidato negro, que habla (obligado por las circunstancias) a favor del retiro de las tropas de Irak, está ganando las primarias.La primera huelga general en la historia de los EE.UU. - producida luego de la explosión de los indocumentados -, la recesión que ya se extiende al conjunto de la economía yanky, la derrota en la guerra de Irak y el ascenso obrero que recorre el mundo están abriéndole las puertas a una situación internacional en la que reaparecerán los estallidos sociales.La crisis del Plan Colombia y este nuevo marco internacional repercutirán - más temprano que tarde - en la Argentina, en donde la inflación está liquidando los “aumentos” pactados por el gobierno y la burocracia hace unos días, provocando una bronca enorme, que todavía no estalló por la falta de una dirección capaz de darle un mínimo y elemental cause y contención.Dentro de ese contexto, el acto realizado en la cancha del Deportivo Español no selló ningún Pacto Social, como el que pretendían el gobierno, los patrones y la burocracia, ya que este murió antes de nacer.Frente al fracaso del pacto, Cristina planteó otro más limitado, de manera de apoyarse en la burocracia para capear el temporal económico y social que se aproxima, ya que sabe que la recesión imperialista repercutirá pronto en nuestro país.Esto sucederá cuando los nuevos gobernantes de los EE.UU. - sean republicanos o demócratas - se decidan a que todo el peso de la crisis les caiga en las espaldas del movimiento obrero y del pueblo de todas sus colonias y semicolonias.Cristina está tratando de ganar tiempo, aprovechándose de la coyuntura de debilidad y de debate preelectoral que viven los yankys y del “veranito” económico que aún transita por la Argentina, demorando los ajustes más duros que necesitarán para mantener la “rentabilidad”.Por otro lado, Moyano intenta apoyarse en el gobierno porque sabe que estos ajustes no sólo vendrán en contra de los asalariados, sino que afectarán a las clases medias, los sectores burgueses más débiles y a la propia burocracia, que mantiene privilegios inconcebibles con la decadencia colonial de la Argentina.Estos privilegios surgen del papel jugado por los burócratas en la relativa recomposición del poder adquisitivo que logró una buena parte de la clase obrera ocupada, gracias a la “reactivación” y a las negociaciones más o menos favorables que impuso el ascenso de las luchas y la debilidad de régimen.En ese contexto el país se dirige hacia una crisis revolucionaria más grande que la que explotó en diciembre de 2001: La situación mundial es más favorable para las luchas, la crisis del imperialismo es superior y el gobierno no logró recomponer las instituciones fundamentales del régimen.Sin embargo lo que marca la diferencia en relación al Argentinazo de 2001, es que el próximo estallido social estará protagonizado por el gran ausente de las luchas anteriores, el movimiento obrero, único sector capaz de imponer un cambio verdaderamente revolucionario.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario